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Un llamamiento a nuestros ancestros

El jardín de la Casa-Museo Antonio Padrón-Centro de Arte Indigenista, en Gáldar, se convierte hasta el 29 de marzo en un territorio de conexión con otros mundos. Liliana Zapata, artista boliviana, propone con ‘Regreso al Alax Pacha”, más que una muestra, una invocación a las mujeres y a nuestros ancestros para pedirles consejo en problemáticas como el feminicidio, la discriminación y el racismo.

Zapata es una artista visual cuyos proyectos son multifacéticos e incluyen esculturas, dibujos, vídeos, acciones e instalaciones en espacios públicos. La obra, que puede visitarse en el citado museo dependiente de la red insular que gestiona la Consejería de Cultura del Cabildo grancanario, propone un discurso entre lo material y lo espiritual. A Zapata le interesa la figura del artista Antonio Padrón como observador de su entorno y su mirada hacia las mujeres. Liliana Zapata recoge la iconografía femenina de Padrón y la anexiona en su obra, relacionando así ambas culturas. ‘Regreso a Alax Pacha’, sugiere, según la artista, un regreso al mundo ancestral, para nutrirse de él y posicionarse frente situación actual de la mujer.

Te defines como una persona obsesionada por lo cotidiano, por el detalle y nuestra relación con ellos en los diferentes contextos. En ‘Regreso a Alax Pacha’ podemos ver trozos de cerámica, no piezas completas, relacionados con tu país, Bolivia.

Esta exposición parte de esos fragmentos de cerámica ceremonial tiwanacota, en un intento de reivindicar el detalle. Las he ido recolectando en el pueblo de Tiwanaco y sus inmediaciones, en los caminos y fachadas de las casas. Los he traído conmigo para realizar un acercamiento a la cultura prehispánica canaria. Y en esta relación, me ha ayudado mucho la obra de Antonio Padrón. Él fue un gran observador de su cotidianidad, de su contexto del mundo rural, y esa actitud de mirar y verse en el otro de Padron es lo que me ha ayudado a realizar ese nexo con mi cultura.

El término Alax Pacha está relacionado con el universo, con un todo en el que nada queda fuera de su influencia. También estas piezas, vas de lo micro a lo macro, desde el detalle minúsculo a la espiritualidad.

Claro, al principio cuando hago esa búsqueda, asesorada por un amigo arqueólogo, me quedé sorprendida, cómo es posible que todo esto esté aquí tirado. Y esa es la razón de esta búsqueda, porque la ciudad de Tiwanaco, si bien es patrimonio nacional, hay un descuido, y en cualquier camino te encuentras con estas piezas, que al no ser completas, no se les da valor, pero la gente del lugar se apropia de esos trozos, y va haciendo sus propias colecciones. Y ese cuidar desde la intuición misma es lo que a mí me ha llamado mucho la atención. Lo que siento es que en todas las culturas prehispánicas hay ese cuidado, ese pensar en los objetos más allá de su materialidad, por eso este Regreso al Alax Pacha.

Estos fragmentos formaban parte piezas completas, ¿a qué objetos pertenecían?

Toda esta cerámica es ceremonial, lo vemos en el cuidado con el que están trabajados estos fragmentos y en el acabado, ya que están pintados minuciosamente. Pertenecen a piezas que se utilizaban en rituales ceremoniales, como pagos a los dioses, a las wakas, para tener un contacto con los otros mundos. Al final del ritual, se rompían las piezas y es eso precisamente lo que me interesa, el gesto de romper algo en lo que uno ha trabajado con tanto esmero y al que ha dedicado muchas horas, para ofrecérselo a esos otros mundos. Yo relaciono estos fragmentos con otro ritual contemporáneo popular de Bolivia, que es el La Xata. El día de todos los muertos, allí, los familiares de un fallecido preparan una mesa, un altar, que tiene muchos elementos con diferentes significados. De los más importantes son las tantawawas, niños de pan, que vienen a representar el alma.

En Regreso al Alax Pacha planteas un diálogo con los seres que están en esos otros mundos, especialmente con las mujeres.

Sí, la relación con la muerte en mi país es muy humana. Parte de que los muertos están con nosotros y nos acompañan durante un tiempo, hasta llegar al Alax Pacha, para convertirse en achachilas que son los protecotres. Para nosotros, las montañas y los ríos son nuestros protectores y los muertos nuestros mediadores. Yo he hecho una mesa con tantawuawas, que son panes mujeres, porque estamos en un momento en el que hay que llamar e invocar a la femenidad. En el jardín de la Casa-Museo he querido hacer una ofrenda a las mujeres, las de mi país de origen y las canarias, para las que he tomado la representación que hace Antonio Padrón de ellas.

Gran Canaria