
La popular y veterana emisora de radio "Radio faro del Noroeste" sigue su proyección hacia una mayor ampliación de su cobertura.
Esta semana, de la mano del Consejo Insular de la Energía, del área de Medio Ambiente, Energía, Clima y Conocimiento del Cabildo de Gran Canaria, de Infecar, de la SPEGC y de Island Innovation, celebramos en Gran Canaria la Cumbre Global de las Islas Sostenibles con el objetivo de abordar en profundidad algunos de los grandes retos estructurales que comparten las islas del mundo
A lo largo de la historia, las islas han sido mucho más que territorios en medio del mar.. Han sido refugio, frontera y promesa. Han sido, en la literatura, el espacio donde imaginar otros mundos posibles. Desde la Utopía de Tomás Moro hasta La isla del tesoro, han representado ese lugar donde lo conocido termina y comienza lo posible. Hoy, esa intuición literaria se ha convertido en una realidad política: las islas ya no son solo espacios donde imaginar el futuro, sino lugares donde ese futuro se está construyendo.
El poeta canario Arturo Maccanti escribió que “el horizonte es nuestra medida”, y quienes vivimos en islas sabemos bien lo que eso significa. Vivimos en un espacio condicionado por límites físicos, por la distancia y por la dependencia, pero también por una relación constante con el horizonte. Como señaló el Nobel caribeño Derek Walcott, “el mar es historia”, y en nuestras islas el mar es historia, pero también presente y, sobre todo, futuro.
Durante demasiado tiempo, las islas han sido percibidas como regiones periféricas, aisladass o vulnerables. Sin embargo, hoy sabemos que esa mirada es incompleta. Las islas no estamos en el margen del cambio, estamos en su primera línea. Representamos entre el uno y el dos por ciento de la población mundial, pero concentramos algunos de los mayores desafíos del planeta en términos de vulnerabilidad climática, dependencia energética y limitación de recursos.
Y precisamente por eso, este encuentro adquiere todo su sentido. Durante estos días se han abordado cuestiones decisivas para el presente y el futuro de las islas en el planeta: la transición energética, la adaptación al cambio climático, la gestión del agua, la economía azul, la biodiversidad, la financiación de la sostenibilidad y la innovación en la gobernanza.
No ha sido un congreso convencional, sino un verdadero espacio de trabajo global donde las islas del mundo se reconocen entre sí, comparten experiencias y construyen soluciones comunes. Lo demuestra la diversidad de quienes han participado, representando a más de cincuenta países y territorios insulares de todos los continentes: desde Tuvalu, en el Pacífico, hasta Jeju, en Corea; desde el Caribe hasta la Macaronesia; desde África hasta Europa, pasando por América y Asia. Esta diversidad es la mejor prueba de que las islas, en cualquier parte del mundo, comparten desafíos… y también la voluntad de construir soluciones conjuntas.
Este encuentro tiene además una trayectoria que merece ser destacada. La Cumbre Global celebra en Gran Canaria su cuarta edición. La primera tuvo lugar en Madeira, la segunda en Prince Edward Island (Canadá) y la tercera en Saint Kitts and Nevis (en el norte antillano). Tres territorios distintos, tres contextos diferentes, pero con una misma vocación: construir un espacio global para el diálogo entre islas.
A lo largo de estas ediciones se han abordado algunos de los grandes retos estructurales de los territorios insulares: la transición energética en sistemas aislados, el desarrollo de energías renovables y almacenamiento, la descarbonización de las economías y la seguridad energética. También han ocupado un lugar central la adaptación al cambio climático, la gestión del agua, la resiliencia frente a fenómenos extremos y la protección de los ecosistemas, especialmente en entornos costeros y marinos.
La economía azul, el turismo sostenible, la economía circular y la diversificación económica han sido igualmente ejes fundamentales, junto con la financiación de la transición, la gobernanza multinivel y la innovación tecnológica. En definitiva, la Cumbre ha ido construyendo una visión compartida: la de unas islas que no solo afrontan desafíos, sino que lideran respuestas.
Porque, aunque estemos en distintos océanos, compartimos una misma realidad. Compartimos la dependencia energética —que en muchos casos supera el 80% de combustibles fósiles importados—, la vulnerabilidad frente al cambio climático, con buena parte de nuestras poblaciones e infraestructuras en zonas costeras, y la presión sobre el territorio y los recursos hídricos. Pero también compartimos algo esencial: la capacidad de adaptarnos, de innovar y de anticiparnos.
Hay, además, una paradoja que merece ser destacada. A pesar de su tamaño, los territorios insulares han desempeñado un papel decisivo en la agenda climática global, situando el cambio climático en el centro del debate internacional y elevando la ambición de los acuerdos. Cuando una isla habla de cambio climático, no habla desde la teoría, habla desde la experiencia. Pero hay una idea aún más importante: las islas no son solo zonas vulnerables, son auténticos laboratorios vivos del planeta. En ellas, los efectos del cambio climático o de la presión sobre los recursos se manifiestan antes, de forma más intensa y más visible. Lo que en otros lugares ocurre de manera gradual, en las islas ocurre de forma acelerada. Por eso, lo que sucede hoy en las islas no es una excepción, es una anticipación de lo que sucederá en el resto del mundo.
Esta condición nos sitúa en una posición única: no solo estamos afrontando los impactos, estamos desarrollando soluciones. Y ese es precisamente el valor de este foro: conectar esas soluciones, compartirlas y proyectarlas a escala global. Esa ha sido la experiencia de Gran Canaria. Hace una década tomamos una decisión política clara: entender la transición energética no solo como un reto técnico, sino como una cuestión de soberanía energética, alimentaria y de seguridad hídrica. Esa visión se concretó en un modelo que hoy guía nuestra acción pública: Gran Canaria Ecoísla.
Diez años después, ese modelo está dando resultados. Hemos multiplicado por más de tres nuestra potencia instalada en energías renovables y hoy concentramos una parte muy significativa de la generación renovable del archipiélago. Hemos avanzado hacia un modelo más eficiente, desacoplando el crecimiento económico del aumento del consumo energético, uno de los cambios estructurales más relevantes para un territorio insular. Hemos impulsado comunidades energéticas que sitúan a la ciudadanía en el centro del sistema y desarrollamos infraestructuras estratégicas de almacenamiento como el Salto de Chira, clave para integrar renovables. También hemos desplegado una red de recarga para movilidad eléctrica y apostamos por nuevos vectores energéticos como la geotermia o el hidrógeno verde.
Pero esta transformación no se limita al ámbito energético. Estamos redefiniendo nuestro modelo económico desde una perspectiva insular. Hemos desarrollado una estrategia de economía circular orientada a reducir la dependencia exterior, optimizar recursos y generar nuevas oportunidades, y a esto le hemos añadido programas formativos en colaboración con la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
Esta visión conecta directamente con el turismo sostenible. El reto no es reducir el turismo, sino transformarlo en un modelo más resiliente, eficiente e integrado en el territorio, capaz de generar valor sin comprometer los recursos. El futuro pasa por modelos regenerativos adaptados a los límites físicos. En esta línea, desarrollamos proyectos como MasDunas o ImpulsaMaspalomas.
Junto a ello, estamos impulsando de forma decidida la economía azul como uno de los grandes vectores de futuro. El mar no es solo un límite, es una oportunidad. En Gran Canaria desarrollamos proyectos vinculados al hidrógeno verde en entornos portuarios, a la descarbonización del transporte marítimo y a nuevas cadenas de valor asociadas al océano. En este camino, iniciativas como BIOASIS Gran Canaria representan un paso más: convertir la isla en un espacio de experimentación donde integrar economía circular, bioeconomía, innovación y sostenibilidad.
Pero también sabemos que no basta con mitigar. El cambio climático ya está aquí. Por eso hemos situado la adaptación en el centro de nuestras políticas públicas. Un ejemplo es el sistema ALERTAGRAN-5, una herramienta inteligente de alerta temprana ante inundaciones, con una inversión superior a 1,2 millones de euros, que mejora nuestra capacidad de anticipación y respuesta y que se suma a lo sistemas ya existentes.
Este tipo de actuaciones refleja un cambio de enfoque. Estamos pasando de una lógica reactiva a una lógica de anticipación, utilizando datos, tecnología e inteligencia pública para proteger mejor a la ciudadanía y al medio natural.
El foro ha servido para mucho más que debatir. Ha sido un instrumento clave para consolidar alianzas entre territorios que comparten desafíos, ambición y compromiso. Y por eso, lo que hagamos aquí importa. Importa mucho.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
Hablar del Fondo de Desarrollo de Canarias es hablar de una de las decisiones estratégicas más importantes que ha tomado nuestra comunidad autónoma en las últimas décadas. No solo por su dimensión económica, sino por lo que ha significado en términos de cohesión territorial, igualdad de oportunidades y capacidad real de transformar nuestras islas
Cuando en 2015 se acordó destinar los recursos del extinto IGTE a inversiones productivas y políticas activas de empleo, se sentaron las bases de un modelo que hoy podemos afirmar que ha funcionado. El FDCAN no nació como un simple instrumento de financiación, sino como una apuesta por orientar el gasto público hacia el desarrollo, la innovación y la mejora de la calidad de vida de los canarios.
Diez años después, los datos son claros. El Fondo ha movilizado miles de millones de euros en Canarias, generando decenas de miles de empleos y multiplicando su impacto en la economía real. Pero más allá de las cifras globales, hay realidades concretas que explican su verdadero valor, y una de ellas es La Gomera.
En nuestra isla, ha sido una herramienta decisiva para avanzar. Entre 2016 y 2022 se han ejecutado 196 proyectos, con una inversión superior a los 85 millones de euros, lo que nos sitúa como la isla con mayor inversión per cápita del Archipiélago. Estos recursos han permitido actuar donde más se necesitaba: mejorar infraestructuras, reforzar servicios públicos, impulsar el tejido económico y generar empleo.
Pero el impacto del FDCAN no se mide únicamente en inversiones. Se mide en oportunidades. En la posibilidad de que una isla no capitalina como La Gomera pueda planificar su desarrollo a medio y largo plazo, ejecutar proyectos que de otra manera serían inviables y garantizar que sus ciudadanos tengan acceso a servicios y condiciones de vida equiparables al resto del territorio.
Esta semana que se ha garantizado su continuidad durante diez años más, ha sido un buen momento para determinar cómo reforzarlo y adaptarlo a los nuevos desafíos. Canarias afronta retos importantes: el acceso a la vivienda, el envejecimiento de la población, la necesidad de modernizar aún más su modelo productivo o avanzar en sostenibilidad.
En este sentido, es acertado que el futuro del Fondo incorpore nuevas prioridades, como las infraestructuras sociosanitarias o las políticas de vivienda. Se trata de evolucionar sin perder la esencia de lo que ha funcionado: una planificación estratégica, una financiación estable y una gestión compartida.
Defenderlo es, en definitiva, defender un modelo de desarrollo que ha demostrado ser útil. Un modelo que ha contribuido a reducir desequilibrios, especialmente en La Palma, La Gomera y El Hierro, a fortalecer la cohesión territorial y a generar oportunidades allí donde más se necesitan. Para islas como La Gomera, este tipo de instrumentos no son una necesidad. Porque solo garantizando recursos estables y políticas bien orientadas podremos seguir avanzando hacia una Canarias más justa, más equilibrada y con más futuro para todos.
Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.
Las recientes declaraciones del obispo de Canarias, José Mazuelos, así como las del presidente de Vox, vuelven a demostrar que la inmigración sigue utilizándose como herramienta política, ideológica y mediática
No comparto las palabras de ninguno de los dos. Cuando se habla de personas que cruzan el mar en patera jugándose la vida, no caben frases frívolas, comparaciones desafortunadas ni mensajes simplistas. Canarias convive desde hace años con una realidad dura y compleja que exige sensibilidad, recursos y soluciones reales.
Aquí no hablamos solo de cifras. Hablamos de seres humanos, de familias rotas, de menores desamparados y de personas que huyen de la pobreza, la violencia o la desesperación. Convertir ese drama en titulares o discursos fáciles solo degrada el debate público.
También resulta llamativo escuchar determinados discursos morales desde instituciones que han sido señaladas por situaciones laborales irregulares con personas migrantes. La coherencia debería ser el primer requisito antes de dar lecciones.
Y en medio de todo esto aparece la anunciada visita del Papa. Personalmente, considero que este tipo de visitas, aunque simbólicas, difícilmente van a arreglar los problemas reales de Canarias. Mucho protocolo, mucha fotografía, mucha cobertura mediática y un importante despliegue para, en la práctica, dejar todo igual.
Además, se corre el riesgo de desvirtuar el verdadero mensaje que siempre defendió Papa Francisco respecto a la inmigración. Si su intención era poner el foco donde realmente golpea esta tragedia humanitaria, el lugar simbólico y real sería El Hierro, una isla que conoce de primera mano la llegada constante de pateras y el esfuerzo silencioso de quienes atienden esta emergencia.
Allí, lejos de grandes escenarios y ceremonias, es donde se entiende de verdad el drama migratorio. Allí están las costas, los rescates, la presión sobre servicios limitados y la solidaridad cotidiana de vecinos e instituciones locales.
Mientras tanto, en las islas siguen existiendo emergencias sociales urgentes: pobreza, listas de espera sanitarias, dificultades de acceso a la vivienda, precariedad laboral y barrios olvidados. Problemas cotidianos que rara vez reciben la misma atención ni la misma propaganda.
Canarias no necesita más gestos vacíos. Necesita políticas eficaces, inversión social y dirigentes capaces de mirar de frente a los problemas de la gente.
Porque la dignidad de una tierra no se mide por las visitas que recibe, sino por cómo cuida a quienes viven en ella y por cómo responde ante quienes llegan buscando.
Pedro Lorenzo Rodríguez Reyes
El décimo aniversario del Consejo Insular de la Energía de Gran Canaria no puede entenderse como un hito aislado en el tiempo, sino como la culminación de un proceso político, estratégico y social que se remonta al año 2015. En ese año llegamos al Gobierno de la isla con la firme intención de hacer de Gran Canaria una ecoísla. Este concepto no se limitaba únicamente al ámbito energético, sino que planteaba un modelo integral de desarrollo basado en la soberanía energética, la seguridad hídrica, la soberanía alimentaria, la economía circular y azul, la movilidad sostenible, un turismo adaptado al medio y políticas sociales orientadas al bienestar
Desde su origen, esta visión no fue un ejercicio retórico, sino una estrategia política clara orientada a reforzar la capacidad de decisión de la isla, reducir dependencias externas y aumentar la resiliencia del territorio. En ese contexto, la energía se situó como el eje central de la transformación, al entenderse como una herramienta clave para garantizar autonomía y estabilidad frente a un modelo energético previo que generaba vulnerabilidad estructural.
Veníamos de una fuerte oposición a la implantación de un modelo gasístico en la isla, que incluía infraestructuras como una regasificadora en Arinaga y el despliegue de redes de gas. Frente a ese planteamiento, defendimos un modelo alternativo basado en energías renovables, autosuficiencia y democratización del acceso a la energía. Este cambio de rumbo no fue sencillo, pero sentó las bases de una transformación profunda.
En este contexto, la creación del Consejo Insular de la Energía en 2016 representó un paso decisivo. No se trataba de establecer una estructura administrativa convencional, sino de diseñar una herramienta operativa con capacidad real de intervención, ejecución y transformación. Desde sus inicios, el Consejo se dotó de una hoja de ruta clara a través de la Estrategia Insular de Mitigación y Adaptación al Cambio Climático, complementada por la Estrategia de Economía Circular, con el objetivo de reducir emisiones, optimizar recursos y avanzar hacia un modelo bajo en carbono.
Diez años después, los resultados avalan esa apuesta. En 2015, Canarias contaba con apenas 360 megavatios de potencia renovable instalada, de los cuales solo 120 correspondían a Gran Canaria. En la actualidad, el archipiélago alcanza aproximadamente los 1.000 megavatios, mientras que Gran Canaria ha llegado a 440 megavatios. Esto supone haber multiplicado por más de tres la potencia renovable en la isla. Pero más relevante aún es el peso relativo dentro del sistema: Gran Canaria concentra el 44 % de la potencia instalada y el 47 % de la generación renovable de Canarias, a pesar de representar solo el 38 % de la demanda. Estos datos consolidan a la isla como el principal motor energético del archipiélago.
Otro indicador clave del éxito del modelo es el desacoplamiento entre crecimiento económico y consumo energético. A pesar del aumento de población y actividad económica, la demanda eléctrica se ha mantenido estable entre los 3.100 y 3.300 gigavatios hora. Esto refleja una apuesta efectiva por la eficiencia energética y demuestra que es posible crecer sin incrementar el consumo de recursos de forma proporcional.
Uno de los pilares fundamentales de esta transformación ha sido el impulso al autoconsumo. Actualmente, una de cada tres instalaciones de autoconsumo de Canarias se encuentra en Gran Canaria, concentrando el 40 % de la potencia doméstica instalada. Este avance ha sido posible gracias a políticas de apoyo que han movilizado más de 3 millones de euros en subvenciones, permitiendo la instalación de alrededor de 1.800 sistemas en viviendas y más de 1.000 actuaciones vinculadas a la movilidad sostenible. Más allá de las cifras, este proceso ha supuesto un cambio estructural: el paso de un modelo energético centralizado a uno distribuido, donde la ciudadanía adquiere un papel protagonista.
En paralelo, la movilidad eléctrica ha experimentado un crecimiento notable. El 51% de los vehículos eléctricos vendidos en Canarias se registran en Gran Canaria, y la red de puntos de recarga, que comenzó con una instalación pionera, alcanzará los 100 puntos operativos.
La capacidad de ejecución ha sido otro elemento diferencial del modelo. El Cabildo ha desarrollado una red de instalaciones que supera los 5 megavatios en funcionamiento, ubicadas en espacios ya antropizados para minimizar el impacto territorial. Ejemplos como el Gran Canaria Arena, el Ecoparque Norte o diversas infraestructuras sociosanitarias y culturales evidencian una estrategia coherente de integración de energías renovables. Además, existen 15 megavatios adicionales en cartera, lo que garantiza la continuidad del proceso.
En un sistema insular aislado como el de Gran Canaria, el almacenamiento energético se ha convertido en un elemento estratégico. La naturaleza intermitente de las energías renovables exige soluciones que permitan equilibrar la oferta y la demanda. En este sentido, destacan proyectos clave como el Salto de Chira, con una capacidad de 200 megavatios, que funcionará como una central hidroeléctrica reversible capaz de almacenar energía en momentos de baja demanda y liberarla cuando sea necesario. Esta infraestructura, desarrollada en colaboración con Red Eléctrica, representa un pilar fundamental para garantizar la estabilidad y autonomía del sistema energético insular. A este proyecto se suman iniciativas de almacenamiento distribuido, como las desarrolladas en el Gran Canaria Arena o en el Polígono de Arinaga, que combinan generación fotovoltaica con sistemas de almacenamiento. Estas actuaciones refuerzan la resiliencia del sistema y permiten una gestión más eficiente de la energía.
El avance estratégico más reciente ha sido la puesta en marcha de la Agenda de Transición Energética de Gran Canaria. Esta herramienta establece objetivos concretos: alcanzar entre un 60% y un 70% de generación renovable en 2030, reducir emisiones en más de un 40% y avanzar hacia un sistema prácticamente descarbonizado en 2040, con hasta un 100 % de generación renovable.
Dentro de esta planificación, el desarrollo del almacenamiento a gran escala ocupa un lugar central, incluyendo sistemas de hidrobombeo con agua de mar adaptados a la realidad insular. Se ha impulsado la creación de una iniciativa público-privada para desarrollar estos proyectos, combinando la experiencia empresarial con el arraigo local.
Otro eje estratégico es la geotermia profunda, actualmente en fase de exploración. Este recurso, al no depender de condiciones climáticas, ofrece una fuente de energía constante y fiable que puede contribuir significativamente a la autonomía energética de la isla. El inicio de los sondeos en Telde marcará un hito en este ámbito.
La transición energética en Gran Canaria también se ha caracterizado por su dimensión social, especialmente a través del impulso de comunidades energéticas. Estas iniciativas, promovidas desde el Cabildo, permiten a ciudadanos, empresas e instituciones producir y gestionar su propia energía. Proyectos como los de Siete Palmas o Playa del Inglés ya están en funcionamiento, y se prevé que más de 6.500 usuarios participen en estas comunidades a corto plazo, con una potencia instalada superior a los 5 megavatios. Este modelo refuerza la democracia energética y fomenta la cohesión social.
A todo ello se suman otros proyectos estratégicos como el desarrollo de hidrógeno verde en Arinaga, con Megaturbinas, orientado a la descarbonización del transporte marítimo, lo que amplía el alcance de la transición energética hacia sectores clave de la economía.
Sin embargo, los logros alcanzados plantean nuevos retos que requieren decisiones políticas firmes. En este sentido, estamos formulando varias demandas al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. En primer lugar, se exige acelerar el desarrollo de la eólica marina, considerada una oportunidad estratégica que no puede retrasarse por falta de planificación. En segundo lugar, se reclama la garantía de los fondos europeos Next Generation, considerados esenciales para sostener el proceso de transición energética.
Asimismo, se plantea la necesidad de un régimen retributivo específico para Canarias que tenga en cuenta su condición ultraperiférica y facilite la descarbonización del sistema. También se solicita la convocatoria urgente de un nuevo concurso para la concurrencia competitiva que permita incorporar flexibilidad y almacenamiento al sistema energético, evitando riesgos como posibles apagones dada su fragilidad actual.
Otro aspecto clave es la coordinación territorial, destacando la importancia de la implicación de los 21 municipios de la isla a través de iniciativas como el Pacto de las Alcaldías por el Clima. La transición energética se concibe como un proceso colectivo que requiere la participación activa de todas las administraciones y del conjunto de la sociedad.
Finalmente, el balance de estos diez años no se limita a cifras o infraestructuras, sino que pone en valor el trabajo conjunto de instituciones, equipos técnicos, empresas, universidades y ciudadanía. La colaboración ha sido un elemento esencial para convertir una idea inicial en una realidad tangible. Gran Canaria no solo ha avanzado en la implantación de energías renovables, sino que se ha consolidado como referente en liderazgo energético dentro de Canarias, demostrando que la transición es posible cuando existe una visión clara, capacidad de ejecución y compromiso colectivo.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
Cuando hablamos del futuro de La Gomera, hay una idea que siempre aparece en primer plano: la educación. No es una cuestión teórica ni un planteamiento abstracto. Es una convicción construida a lo largo del tiempo, desde la experiencia y desde la responsabilidad de gobernar pensando en las próximas generaciones
Por eso, desde el Cabildo hemos situado la educación como uno de los pilares fundamentales de nuestra acción pública. Y lo hacemos con hechos. Este año destinamos más de 3,2 millones de euros al apoyo a estudiantes, una inversión que engloba becas, ayudas al transporte, libros de texto y colaboración con universidades públicas. Detrás de esa cifra hay algo más importante: oportunidades.
Las políticas de becas son, probablemente, el mejor ejemplo de lo que significa ese compromiso. Sabemos que estudiar fuera de la isla sigue implicando un esfuerzo añadido para muchas familias. Por eso hemos reforzado las ayudas y hemos incorporado nuevas medidas, como el bono alquiler, que permite cubrir parte de esos costes que muchas veces marcan la diferencia entre poder estudiar o no. Ya son más de 550 los estudiantes que se han beneficiado en el primer decreto de esta convocatoria, y habrá un segundo decreto en las próximas semanas.
Pero no todo pasa por ayudar a salir fuera. También es importante traer la formación a casa, acercarla, hacerla accesible y más duradera en el tiempo. En ese contexto nace el Campus La Gomera, una iniciativa que, por primera vez, nos permite contar con una programación formativa estable a lo largo de todo el año.
El Campus supone un paso adelante respecto a lo que conocíamos hasta ahora. Deja atrás el formato puntual de los cursos de verano para dar lugar a una oferta más continua, con cursos, talleres y actividades en los seis municipios, abiertos a toda la ciudadanía . Es, en definitiva, una forma de entender la universidad más cercana, más pegada al territorio y a la realidad de quienes viven en él.
Siempre he defendido el papel de la universidad pública como herramienta de igualdad y de progreso. Y creo sinceramente que iniciativas como esta demuestran que es posible avanzar en esa dirección, incluso desde territorios no capitalinos como el nuestro.
Vivimos en una etapa de cambios constantes, donde la formación ya no es solo una etapa de la vida, sino un proceso continuo. Cada vez se exige más preparación, más capacidad de adaptación. Por eso insistimos tanto en la necesidad de seguir formándose, en cualquier momento y a cualquier edad.
La Gomera no puede quedarse al margen de esa realidad. Y no lo va a hacer. Continuaremos trabajando para que la educación siga siendo una puerta abierta, no un obstáculo. Porque invertir en educación es, en el fondo, invertir en las personas. Y eso siempre merece la pena.
Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.
La transición energética hacia modelos sostenibles se ha convertido en una necesidad urgente, respaldada tanto por la evidencia científica como por la creciente inestabilidad geopolítica. Ya no se trata de una cuestión ideológica o de largo plazo, sino de una transformación imprescindible ante los riesgos de mantener un sistema basado en combustibles fósiles. Desde hace décadas, organismos internacionales y la comunidad científica han advertido sobre esta problemática, aunque los avances hacia un modelo limpio siguen siendo insuficientes frente a la magnitud del desafío
El impacto más visible del actual modelo energético es el calentamiento global. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), la temperatura media global ha aumentado aproximadamente 1,1 °C desde la era preindustrial, lo que ha intensificado fenómenos extremos como olas de calor, incendios forestales, sequías prolongadas e inundaciones. A ello se suma la grave contaminación atmosférica: la Organización Mundial de la Salud estima que cerca de siete millones de personas mueren cada año por exposición a aire contaminado, gran parte derivado de la quema de combustibles fósiles. Estos datos reflejan no solo un problema ambiental, sino también una crisis de salud pública global.
Además del impacto climático y sanitario, el modelo energético actual presenta una fragilidad estructural significativa. La dependencia de recursos concentrados en regiones geopolíticamente inestables ha generado tensiones económicas y políticas, especialmente en Europa. Durante años, el continente dependió en gran medida del gas procedente de Rusia, situación que quedó en evidencia tras la invasión de Ucrania en 2022. Este conflicto desencadenó una crisis energética sin precedentes recientes, en la que el precio del gas llegó a multiplicarse por más de cinco, afectando tanto al coste de la electricidad como a la economía de hogares e industrias.
A esta situación se han sumado tensiones en Oriente Medio, la última es la guerra de Irán, que han impulsado los precios del petróleo en los mercados internacionales. El barril de Brent ha superado los 100 dólares en varios momentos recientes, mostrando la volatilidad de un sistema energético dependiente de factores externos. Esta inestabilidad impacta directamente en la inflación, el crecimiento económico y la seguridad energética de los países importadores. Por eso Europa acaba de lanzar un plan de diez puntos para reducir la demanda.
En este contexto, el responsable de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, ha advertido que “la guerra de Irán ya es la mayor amenaza de la historia para la seguridad energética”, y numerosos expertos coinciden en que un escenario con el petróleo a 200 dólares haría al mundo “infinitamente más pobre y con menos empleo”.
Ante este panorama, la transición hacia energías renovables aparece no solo como una respuesta ambiental, sino también como una estrategia de soberanía energética y estabilidad económica. Tecnologías como la solar, la eólica o la hidráulica ofrecen ventajas clave: son recursos autóctonos, abundantes y cada vez más competitivos. Los datos lo confirman: según la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), el coste de la electricidad solar fotovoltaica ha caído cerca de un 85 % desde 2010, mientras que la eólica terrestre ha reducido sus costes en torno a un 55 %. En muchas regiones, estas tecnologías ya resultan más baratas que los combustibles fósiles incluso sin subsidios. Además, el sector de las renovables emplea a más de 13 millones de personas en todo el mundo, con previsión de duplicarse en las próximas décadas.
Sin embargo, el despliegue de estas energías no avanza al ritmo necesario para cumplir los objetivos climáticos internacionales. El Acuerdo de París establece la meta de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5 °C, lo que requiere una reducción drástica de emisiones en esta década.
En Europa, el debate energético se ha intensificado tras las crisis recientes. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, llegó a afirmar que reducir la energía nuclear había sido un error, lo que refleja la complejidad del contexto actual. En Canarias la ultraderecha ha llegado a plantear la instalación de pequeñas plantas nucleares en el mar..
Pese a estas divergencias, responsables internacionales insisten en no desviar el foco de las energías renovables. Simon Stiell, secretario ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, ha señalado que los conflictos bélicos evidencian la urgencia de acelerar la transición energética. En sus palabras, “cada crisis es un recordatorio de que la dependencia de los combustibles fósiles no solo es insostenible desde el punto de vista climático, sino también peligrosa desde una perspectiva geopolítica”.
El consenso científico es claro: la transición energética debe ser rápida, estructural y sostenida. No basta con aumentar la generación renovable, sino que es necesario transformar sectores clave como el transporte, la industria y el consumo energético. En este proceso, resultan fundamentales la electrificación verde y flexible, el almacenamiento mediante baterías, el hidrógeno verde y la mejora de la eficiencia energética.
Asimismo, la transición debe abordar las desigualdades globales en el acceso a la energía. Mientras en los países desarrollados el foco está en la descarbonización, en muchas regiones millones de personas aún carecen de electricidad. Garantizar una transición justa e inclusiva es esencial para que los beneficios de las nuevas tecnologías se distribuyan de manera equitativa. Desde el punto de vista económico, esta transformación representa una gran oportunidad: el Fondo Monetario Internacional estima que una transición acelerada podría generar millones de empleos y favorecer el crecimiento global a medio plazo.
En definitiva, la transición hacia energías limpias no es opcional, sino imprescindible. Las evidencias científicas, los datos económicos y la realidad geopolítica coinciden en señalar la insostenibilidad del modelo actual. Las crisis recientes han evidenciado las debilidades de un sistema dependiente de recursos finitos y concentrados en regiones conflictivas, reforzando la necesidad de avanzar hacia un modelo más resiliente, justo y seguro.
En este contexto, uno de los debates más frecuentes es el impacto paisajístico de las energías renovables. Aunque es legítimo proteger el entorno, no puede priorizarse una visión estática del paisaje frente a la urgencia de la transición energética. Las infraestructuras renovables tienen un impacto en gran medida transitorio y reversible, mientras que los efectos del cambio climático son acumulativos y, en muchos casos, irreversibles. Por tanto, avanzar hacia energías limpias es también una forma de preservar el entorno a largo plazo.
Otra fuente de oposición a las renovables surge cuando la población local no percibe beneficios directos. Para reducir este rechazo, es fundamental repartir mejor el valor generado. Esto implica ofrecer beneficios económicos como participación en proyectos o descuentos en la factura eléctrica, así como promover modelos comunitarios que aumenten la implicación ciudadana. También son importantes las compensaciones visibles, como inversiones en infraestructuras, y una participación real desde las fases iniciales de los proyectos.
La percepción de justicia resulta determinante: cuando los beneficios se distribuyen de manera equilibrada, disminuye el conflicto social. Finalmente, una comunicación clara, centrada en impactos concretos como ahorro, empleo o mejoras locales, es más eficaz que los argumentos abstractos. En conjunto, la clave para el éxito de la transición energética radica en pasar de un modelo percibido como impuesto a uno basado en la implicación activa de la ciudadanía.
España ha afrontado mejor la crisis energética derivada de las tensiones en torno a Irán que otros países de la Unión Europea gracias a su mix energético. La alta penetración de energías renovables, como la solar y la eólica, ha reducido su dependencia de combustibles fósiles importados, más expuestos a la volatilidad internacional. Esto ha permitido contener mejor los precios de la electricidad y mitigar el impacto sobre hogares y empresas, favoreciendo una mayor estabilidad económica y un crecimiento superior al de otras economías europeas.
Igualmente, ha reforzado su apuesta por las renovables con el nuevo Real Decreto-ley 7/2026, que destaca por ampliar el radio del autoconsumo compartido hasta los 5 km y ofrecer deducciones fiscales del 20% en instalaciones solares y aerotermia. Además, se han movilizado 2.000 millones de euros en ayudas para la industria limpia y se ha fijado el objetivo de alcanzar los 16.000 MW en almacenamiento por baterías. Todo esto se enmarca en la actualización del PNIEC, tras haber logrado el hito histórico de cubrir el 100% de la demanda peninsular con fuentes limpias en abril de 2025.
Pero se siguen olvidando de dar un paso importantísimo, comprometido además con Gran Canaria: poner en marcha cuanto antes la subasta para hacer posible la implantación de la eólica marina en nuestra isla. Esto, Salto de Chira y su ampliación a Las Niñas, la geotermia y un nuevo concurso de concurrencia competitiva donde se premie la generación de un sistema flexible y almacenamiento, garantizaría nuestra soberanía energética. Están tardando.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
En La Gomera hay muchas cosas que funcionan bien, aunque a veces no se vean a simple vista. No ocupan titulares cada día, pero están ahí, sosteniendo la vida cotidiana de la isla y dando respuesta a necesidades reales de nuestra gente. Detrás de muchas de ellas están nuestras asociaciones, ese tejido cercano y comprometido que forma parte esencial de lo que somos como sociedad
Gracias a ese trabajo constante, hoy hay personas con Alzheimer que cuentan con atención especializada y acompañamiento, y familias que encuentran apoyo en momentos especialmente difíciles. También hay niños y jóvenes que pueden acceder a la educación musical en sus municipios, manteniendo viva una parte fundamental de nuestra cultura. Y personas que no tuvieron la oportunidad de aprender silbo gomero en su etapa escolar y que ahora pueden hacerlo.
Esa es la realidad del asociacionismo en La Gomera: una red útil, cercana y profundamente humana que llega donde muchas veces no llegan otros recursos. Por eso, cuando desde el Cabildo hablamos de apoyo al tejido asociativo, no hablamos únicamente de financiación. Hablamos de personas, de oportunidades y de calidad de vida.
Es cierto que detrás de esta apuesta hay una inversión importante, con más de 4,6 millones de euros destinados a entidades de toda la isla, pero lo verdaderamente relevante es lo que permite hacer: sostener proyectos que tienen un impacto directo en el día a día de la ciudadanía y que abarcan ámbitos tan diversos como la acción social, la cultura, la educación o la protección del entorno .
Siempre he defendido que el progreso no se construye únicamente desde las instituciones. Se construye caminando juntos. Y en ese camino, las asociaciones son imprescindibles. Son quienes mejor conocen la realidad de cada municipio, quienes detectan las necesidades antes que nadie y quienes aportan soluciones desde la cercanía, reforzando además la cohesión social de la isla .
En una isla como la nuestra, esa forma de trabajar marca la diferencia. Por eso hemos querido consolidar esta línea de actuación como una alianza estable, basada en la confianza, la cooperación y la corresponsabilidad. Una forma de entender la política que pone a las personas en el centro y que apuesta por fortalecer ese “escudo social” que protege a La Gomera.
Y ese es el camino que vamos a seguir. Continuaremos reforzando el apoyo al tejido asociativo, mejorando los instrumentos de financiación y, sobre todo, escuchando para adaptar nuestras políticas a las necesidades reales de quienes trabajan cada día sobre el terreno. Porque, en definitiva, La Gomera avanza cuando lo hace su gente. Y en ese avance, nuestras asociaciones seguirán siendo una de nuestras mayores fortalezas.
Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.
El Club Baloncesto Gran Canaria constituye uno de los casos más singulares de desarrollo deportivo en el contexto del baloncesto español. Su evolución desde una iniciativa educativa hasta convertirse en una entidad consolidada en la élite nacional y con proyección europea refleja un proceso complejo en el que han intervenido factores deportivos, económicos e institucionales. En este recorrido, la capacidad de adaptación a las exigencias del deporte profesional, junto con el respaldo público y una gestión orientada a la estabilidad, han sido elementos determinantes
El origen del club se sitúa en 1963, en el seno del Colegio Claret de Las Palmas de Gran Canaria. En este contexto, el baloncesto se introduce como una actividad formativa, vinculada a los valores educativos propios del centro. Durante más de dos décadas, el equipo, conocido como Claret Club de Baloncesto, desarrolla su actividad en competiciones escolares y regionales, evolucionando progresivamente hacia el ámbito federado. El crecimiento del nivel deportivo y la consolidación organizativa del club propiciaron su transición hacia estructuras más profesionalizadas.
El proceso de transformación se intensifica a partir de la década de 1980. El club se desvincula formalmente del entorno escolar, adoptando una estructura independiente que le permite competir en categorías superiores del baloncesto nacional. Este cambio supone el inicio de su profesionalización, aunque no exento de dificultades. Durante estos años, el equipo logra su primer ascenso a la Liga ACB, máxima categoría del baloncesto español, pero no consigue consolidarse de forma inmediata. La alternancia entre ascensos y descensos, unida a la dependencia de patrocinadores y a la limitada capacidad económica, refleja la fragilidad del proyecto en esta etapa
La conversión en Sociedad Anónima Deportiva en 1992 responde a la necesidad de adaptarse al nuevo marco legal del deporte profesional en España. Este proceso implicaba dotar al club de una estructura económica más sólida y transparente. No obstante, también puso de manifiesto las limitaciones estructurales a las que debía enfrentarse la entidad. La insularidad de Gran Canaria supuso un lastre brutal. Estas circunstancias derivaron en una situación económica delicada que amenazaba la viabilidad del club a medio plazo.
Ante este escenario, la intervención del Cabildo de Gran Canaria a mediados de la década de 1990 resultó determinante. La institución insular adquirió la mayoría accionarial del club, convirtiéndose en su principal sostén económico e institucional. Esta decisión respondió a una estrategia orientada a preservar un activo deportivo de gran valor social para la isla, así como a garantizar la presencia de Gran Canaria en la élite del baloncesto español. Se proporcionó al club una base de estabilidad imprescindible para su desarrollo.
A partir de la temporada 1994-1995, en la que el equipo logra el ascenso a la Liga ACB, se inicia una etapa de consolidación - con aciertos y errores como en toda obra humana- que se prolonga hasta la actualidad. Desde entonces, el Club Baloncesto Gran Canaria ha permanecido de forma ininterrumpida en la máxima categoría, lo que constituye uno de sus principales logros estructurales. Esta permanencia no solo evidencia la estabilidad del proyecto, sino también su capacidad para competir de manera sostenida en un entorno altamente exigente.
Durante este periodo, el club ha desarrollado un modelo de gestión basado en la eficiencia en el uso de recursos, la detección de talento y la apuesta por la continuidad. A diferencia de otras entidades con mayores presupuestos, el Gran Canaria ha construido su competitividad a partir de la optimización de sus capacidades, lo que le ha permitido mantenerse en una posición relevante dentro del baloncesto español. En el ámbito deportivo, esta estrategia se ha traducido en participaciones recurrentes en los playoffs por el título de la Liga ACB y en presencias habituales en la Copa del Rey.
Un nuevo punto de inflexión en la evolución institucional del club se produce con la llegada de Sitapha Savané a la presidencia. Su nombramiento supuso un cambio de paradigma en la gestión, al incorporar una visión más moderna, profesionalizada y alineada con las dinámicas actuales del deporte de élite. Exjugador y figura emblemática de la entidad y querida por la afición, Savané aportó un profundo conocimiento interno del club, reforzando la cultura organizativa y la conexión con la grada. Bajo su liderazgo, se ha impulsado una mayor estabilidad en la toma de decisiones, así como una clara apuesta por proyectos a largo plazo, tanto en el ámbito deportivo como institucional. También ha mimando la inclusión social con el Proyecto Suma y la cantera con formación integral, desarrollo progresivo y seguimiento individual. Él estaba en otras tareas, pero lo convencimos y aceptó el reto. Se merece todo el apoyo.
Paralelamente, el club ha consolidado su proyección internacional mediante su participación en competiciones europeas. A lo largo de los años, el Gran Canaria ha sido un participante habitual en torneos continentales, lo que ha contribuido a reforzar su visibilidad y a elevar su nivel competitivo. Este proceso culmina con su participación en la Euroliga en la temporada 2018-2019, un hito que representa el reconocimiento al crecimiento sostenido de la entidad. Aunque su desempeño en esta competición fue limitado, su presencia en la máxima categoría europea supuso un avance significativo en la historia del club.
El mayor éxito deportivo del Club Baloncesto Gran Canaria se produce en la temporada 2022-2023, con la conquista de la EuroCup. Este título no solo constituye el logro más importante de su trayectoria, sino que también simboliza la consolidación de un modelo basado en la estabilidad institucional y la gestión eficiente. La obtención de este campeonato sitúa al club en una posición destacada dentro del baloncesto europeo, reforzando su prestigio y proyección internacional.
En este contexto de crecimiento, la llegada de Jaka Lakovic al banquillo en 2022, coincide con la llegada también de Savané, marca el inicio de una etapa especialmente relevante en el plano deportivo. De hecho esta ha sido la mejor temporada en la historia de entidad. Desde su incorporación, el técnico ha logrado imprimir al equipo una manera de juego definida. Este enfoque ha permitido al Gran Canaria competir con solvencia frente a equipos de mayor capacidad económica, consolidando su posición en competiciones nacionales e internacionales.
Durante la etapa de Lakovic, el club ha experimentado una notable mejora en su rendimiento. En su primera temporada, el equipo logra conquistar la EuroCup, alcanzando así el mayor éxito de su historia reciente. En las campañas posteriores, el Gran Canaria ha mantenido una presencia constante en fases avanzadas de competiciones europeas, llegando a disputar nuevas finales y demostrando una continuidad competitiva destacable. En el ámbito nacional, el equipo ha recuperado protagonismo, con clasificaciones recurrentes para la Copa del Rey y presencia en los playoffs de la Liga ACB.
Más allá de los resultados, la etapa de Jaka Lakovic se caracteriza por la consolidación de un proyecto deportivo coherente y orientado al largo plazo. En este sentido, la apuesta del club por su continuidad resulta especialmente significativa. La renovación de su contrato, respaldada tanto por la dirección deportiva como por las instituciones y por la afición se debió no solo a los éxitos obtenidos, sino también a la confianza en un modelo de trabajo que prioriza la estabilidad y la planificación estratégica. Él también lo entendió así: se pudo ir al Basconia, pero se quedó en la isla.
Esta decisión reflejó la voluntad clara de consolidar un proyecto sostenible en el tiempo, alejándose de la volatilidad que caracteriza a menudo al deporte profesional. La continuidad de Lakovic ha permitido reforzar la identidad del equipo, favorecer el desarrollo de jugadores y mantener una línea de trabajo coherente. En el momento actual no hay nadie a la vista en el mercado que se acerque a sus méritos y valía.
La trayectoria del Club Baloncesto Gran Canaria pone de manifiesto la importancia de la combinación entre apoyo institucional, gestión eficiente, estabilidad deportiva y comunión con la afición. Desde sus orígenes en el ámbito escolar hasta su consolidación como referente del baloncesto español y europeo, ha sabido adaptarse a las exigencias del entorno competitivo sin perder su idiosincracia. Y así debe seguir.
Hoy este club, al que queremos tanto, está atravesando un mal momento deportivo. No se libra de esto ningún equipo de referencia en algún momento de su historia. El presidente y la directiva que lo han llevado a lo más alto son los mismos que los de la temporada pasada dónde el equipo llegó a la final de la Eurocup y jugó los cuartos de final de la ACB y las semifinales de la Copa del Rey. El entrenador es el mismo, por tanto, que lo ha situado en la élite del baloncesto español. Habrá tiempo de evaluar lo sucedido esta temporada, ahora solo cabe la unidad, el apoyo y el ánimo. Habrá tiempo de analizarlo todo, pero no ayuda nada estar solo para las maduras y no para las duras. Podemos seguir pitando y pidiendo el cese de todo el mundo o animar e intentar elevar la moral de los jugadores y entrenador y abrigar e impulsar al equipo. Me parece que lo más justo y responsable es esto último. Siempre me dijeron que en las pasiones desatadas el baloncesto es distinto a otros deportes de masas. Insisto, es la hora de la unidad. Lo pido encarecidamente, porque nos jugamos mucho.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
El reciente acuerdo alcanzado entre el Gobierno de Canarias y el Estado para activar medidas anticrisis frente al impacto de la guerra en Irán representa mucho más que una respuesta coyuntural. Es, sobre todo, un ejemplo claro de que cuando la voluntad política se sitúa por encima de los intereses partidistas, los resultados son positivos y tangibles para la ciudadanía
En un contexto complejo, marcado por la incertidumbre internacional y sus efectos sobre los precios y el coste de la vida, ambas administraciones han sido capaces de anteponer el interés general, corregir desigualdades y ofrecer soluciones eficaces. Este entendimiento institucional ha permitido dar respuesta a una situación que inicialmente dejaba a Canarias en desventaja por su singularidad fiscal, especialmente en lo relativo a la aplicación de medidas estatales vinculadas al IVA y a los hidrocarburos.
La compensación económica acordada, que supera los 15 millones de euros en su primera fase, no solo restablece el principio de equidad territorial, sino que garantiza que las familias y los sectores productivos de Canarias puedan afrontar esta crisis en condiciones similares al resto del país. Este es el verdadero valor de la política útil: ofrecer respuestas concretas a problemas reales.
Además, este acuerdo pone de manifiesto la mano tendida del Gobierno de España hacia Canarias, entendiendo y atendiendo sus especificidades como región ultraperiférica. No se trata únicamente de aplicar medidas generales, sino de adaptarlas a nuestra realidad, reconociendo nuestras singularidades económicas, fiscales y territoriales. Ese enfoque es clave para avanzar en la cohesión y justicia territorial.
Por su parte, el paquete de medidas impulsado por el Ejecutivo autonómico —como la reducción del IGIC a los combustibles al 0%, la bonificación de hasta el 99% del impuesto sobre carburantes para sectores estratégicos o las ayudas directas al tejido productivo— refuerza esta línea de actuación. Son decisiones coherentes, necesarias y alineadas con el objetivo de proteger a las familias y a la economía canaria.
Sin embargo, reconocer el valor de este avance no implica renunciar a una ambición mayor. Para que Canarias disponga de un escudo económico verdaderamente autónomo y resiliente, el Estado debe ir un paso más allá en la gestión de los recursos. Es imperativo que se flexibilicen las reglas fiscales, permitiendo que los remanentes de tesorería puedan movilizarse sin trabas para paliar los efectos de la crisis. No tiene sentido mantener ahorros bloqueados mientras las familias sufren la inflación.
En esta misma línea, el Archipiélago necesita poder endeudarse de forma responsable sin ser penalizado, obteniendo un margen de maniobra que la actual normativa estatal restringe. Esta suficiencia financiera debe complementarse con nuevos mecanismos de liquidez y financiación específicos para nuestras empresas y autónomos, además de una rebaja decidida del IRPF que compense la alarmante pérdida de poder adquisitivo en las Islas. Solo con estas herramientas financieras el Gobierno de Canarias podrá diseñar una respuesta estructural y no solo asistencial.
Ahora bien, reconocer el valor del acuerdo no implica conformarse. La experiencia demuestra que las crisis globales no afectan por igual a todos los territorios, y dentro de Canarias existen realidades especialmente vulnerables que requieren una respuesta diferenciada.
Las Islas Verdes —La Gomera, El Hierro y La Palma— sufren con mayor intensidad el impacto del encarecimiento de los combustibles. En el caso de La Gomera, este incremento ha llegado a situarse hasta un 16% por encima desde el inicio de la crisis, trasladándose directamente al coste de la vida, a la actividad económica y al poder adquisitivo de las familias.
En estos territorios, el combustible no es un gasto accesorio, sino un elemento estructural que condiciona la movilidad, la logística y la competitividad. Por ello, avanzar en igualdad real exige ir más allá de las medidas generales y diseñar respuestas específicas que tengan en cuenta estas diferencias.
Esto implica reforzar las bonificaciones al combustible en las Islas Verdes, articular ayudas directas diferenciadas para sectores especialmente sensibles —como el transporte, el sector primario o el pequeño comercio— y, al mismo tiempo, impulsar medidas estructurales que reduzcan la dependencia energética y mejoren la resiliencia económica.
El acuerdo entre Canarias y el Estado es, sin duda, un primer paso en la buena dirección. Demuestra que el diálogo, la cooperación institucional y la voluntad política dan resultados. Pero también debe ser el punto de partida para seguir avanzando en soluciones más ajustadas a la diversidad de nuestro territorio.
Porque garantizar la igualdad no es aplicar las mismas medidas a todos, sino responder de forma justa a las distintas realidades. Y ese es el reto que debemos seguir abordando desde la responsabilidad y el compromiso con Canarias y con cada una de sus islas.
Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.
En apenas siete días, La Gomera ha pasado de una situación de preocupación hídrica a un escenario de alivio generalizado. El paso de la borrasca Therese ha permitido recuperar más de 3,8 millones de metros cúbicos de agua, situando la capacidad de almacenamiento insular en torno al 75,8% de los 5,1 millones de metros cúbicos que somos capaces de almacenar
Sin duda, estamos ante una mejora significativa tras años de sequía prolongada. Las lluvias han revitalizado cuencas, han permitido la recarga de acuíferos y han generado una base más sólida para afrontar los próximos meses, especialmente en lo relativo al abastecimiento agrícola y urbano, pero sería un error caer en la complacencia.
La Gomera vive en un contexto de sequía estructural, donde la irregularidad de las precipitaciones es una constante. Lo ocurrido en los últimos días responde a un episodio excepcional que no altera, por sí mismo, la tendencia de fondo. La experiencia reciente nos ha enseñado que los periodos de escasez pueden volver con la misma rapidez con la que hoy celebramos la abundancia. Por eso, es ahora cuando más debemos apelar a la responsabilidad.
Responsabilidad en el uso cotidiano del agua, evitando cualquier forma de despilfarro. Responsabilidad en la gestión pública, manteniendo políticas de planificación que no dependan de episodios puntuales. Y responsabilidad colectiva para entender que este recurso, aunque hoy abunde, sigue siendo limitado.
En este sentido, el trabajo desarrollado en el último año cobra aún más relevancia. Desde el Cabildo de La Gomera hemos destinado recursos públicos a actuaciones vinculadas a las comunidades de regantes, así como a la mejora de infraestructuras clave: intervenciones en las presas públicas de San Sebastián, modernización de la red de riego de Hermigua, mejoras en el sistema de Alajeró o trabajos de encauzamiento en Vallehermoso. Son inversiones que no responden a la coyuntura, sino a una estrategia sostenida en el tiempo.
A ello se suma una línea de actuación que consideramos esencial: el refuerzo de las infraestructuras de generación de agua. La desalación, la regeneración y otros sistemas complementarios deben seguir formando parte de nuestro modelo hídrico. No como alternativa, sino como garantía. Porque el verdadero reto no es gestionar el agua cuando sobra, sino asegurarla cuando falta.
La actual situación debe interpretarse, por tanto, como una oportunidad. Una oportunidad para consolidar lo avanzado, para mejorar la eficiencia de nuestras redes y para seguir fortaleciendo la resiliencia de la isla frente a futuros escenarios de escasez.
La Gomera ha demostrado a lo largo de su historia su capacidad de adaptación. Hoy, ese compromiso pasa por gestionar con inteligencia un recurso tan valioso como el agua. Celebremos la lluvia, pero no olvidemos la lección. Porque el agua es, y seguirá siendo, nuestro oro líquido. Y su futuro depende de las decisiones que tomemos hoy.
Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.

La popular y veterana emisora de radio "Radio faro del Noroeste" sigue su proyección hacia una mayor ampliación de su cobertura.