
La popular y veterana emisora de radio "Radio faro del Noroeste" sigue su proyección hacia una mayor ampliación de su cobertura.
Las grandes transformaciones nunca avanzan en línea recta. Exigen visión, voluntad política, capacidad para sumar y, sobre todo, determinación para superar los obstáculos que inevitablemente aparecen en el camino. Conseguir que Gran Canaria sea sede del Mundial de Fútbol de 2030 ha sido uno de esos retos. Transformar el Estadio de Gran Canaria para estar a la altura de ese acontecimiento es el siguiente
Nada de lo conseguido hasta ahora ha sido fruto de la casualidad. Ya en el mandato anterior, el Cabildo inició ante la Real Federación Española de Fútbol las gestiones y los procedimientos necesarios para situar a la isla en la carrera mundialista. En el actual mandato intensificamos ese trabajo y construimos una candidatura colectiva, sumando a instituciones públicas y a organizaciones deportivas, económicas, sociales y civiles alrededor de un objetivo común. Y se consiguió.
En julio de 2024, Gran Canaria fue incluida entre las once sedes españolas propuestas para el Mundial. En diciembre de ese mismo año, la FIFA confirmó la candidatura conjunta de España, Portugal y Marruecos para organizar el campeonato de 2030. Nuestra isla estará, por primera vez, en el escenario del mayor acontecimiento deportivo del planeta. Y llegamos hasta aquí gracias a una propuesta que cumplió con nota con los exigentes requisitos de FIFA, y puso de manifiesto una solvencia y rigurosidad administrativa y técnica que también se aplicó al posterior proceso de licitación.
Es difícil exagerar la dimensión de ese logro. Un Mundial no son solamente unos partidos de fútbol. Es proyección internacional, actividad económica, empleo, modernización de infraestructuras y capacidad para mostrar Gran Canaria al mundo. Pero es también algo menos cuantificable y no menos importante: sentimiento de pertenencia, orgullo colectivo y cohesión social.
Desde el principio entendimos, además, que la oportunidad no podía agotarse en unas semanas de competición. Los grandes acontecimientos tienen verdadero sentido cuando dejan un legado. Por eso la transformación del Estadio de Gran Canaria, recogida ya en nuestro programa electoral, responde a una ambición que va mucho más allá de cumplir las exigencias del Mundial. Se trata de dotar a la isla de una infraestructura moderna y de primer nivel para las próximas décadas.
El Cabildo convocó un concurso internacional de ideas para definir el futuro del estadio. El proyecto seleccionado plantea una transformación integral del recinto: cerca de 42.000 localidades, las gradas aproximándose al terreno de juego, una nueva cubierta y una profunda modernización de los accesos, las instalaciones, la tecnología y los servicios.
No estamos ante una reforma menor. Es una de las mayores intervenciones sobre una infraestructura deportiva realizadas en Canarias. La complejidad técnica del proyecto quedó acreditada durante su desarrollo. Los estudios realizados determinaron que las características del terreno sobre el que se asienta el estadio exigen importantes trabajos de cimentación y refuerzo para soportar una actuación de estas dimensiones. Esa circunstancia, junto a la evolución de los costes de construcción debido a la inflación y a los conflictos bélicos internacionales, obligó a revisar la previsión económica inicial.
La primera estimación se situaba en torno a los 100 millones de euros. Posteriormente, el Cabildo realizó la correspondiente modificación presupuestaria y la obra salió a licitación por 174,7 millones. La UD Las Palmas anunció, asimismo, su participación en la financiación con una aportación de 60 millones de euros.
El procedimiento establecía un plazo de ejecución de 36 meses, dentro del calendario necesario para llegar al Mundial de 2030. Sin embargo, al concluir el plazo de presentación de ofertas ninguna empresa había concurrido a la licitación. El concurso quedó desierto. Es un contratiempo importante y debe ser abordado con diligencia. Pero no es el final de nada. Las licitaciones desiertas forman parte de la realidad de la contratación pública y la legislación establece mecanismos para afrontar estas situaciones. Corresponde ahora analizar las causas y utilizar, con la máxima agilidad y seguridad jurídica, las alternativas que permita la ley. Eso es lo que está haciendo el Cabildo. Lo que no correspondía era inflar los precios fraudulentamente.
Las razones que pueden explicar la ausencia de ofertas son diversas. El contexto bélico internacional está alterando los precios de la energía, el transporte, las materias primas, el coste de la mano de obra especializada y los materiales de construcción. A ello se suman las dificultades derivadas de la insularidad, la disponibilidad de maquinaria especializada, la capacidad para afrontar simultáneamente grandes actuaciones en la isla y la escasez de determinados perfiles profesionales. También las penalizaciones, acordes con la dimensión del destino inicial de la obra.
El sector de la construcción ha expresado también sus reservas sobre el presupuesto, los plazos, las penalizaciones y la complejidad de la ejecución. Esas consideraciones deben ser escuchadas y estudiadas. El diálogo con quienes conocen el mercado y tienen que ejecutar las obras no solo es razonable: es necesario. Pero conviene establecer una distinción esencial. Escuchar no significa que una administración pública deba asumir automáticamente todas las posiciones de un determinado sector. Las empresas defienden legítimamente sus intereses y las organizaciones empresariales cumplen su función cuando trasladan las preocupaciones de sus asociados. El Cabildo tiene otra responsabilidad: proteger los recursos públicos, garantizar la legalidad y tomar las decisiones que mejor respondan al interés general de Gran Canaria.
Esa responsabilidad no se delega. Ya hemos vivido situaciones similares. En otras grandes actuaciones promovidas por el Cabildo - la última, la del futuro centro sociosanitario Carlota de la Quintana, en el antiguo psiquiátrico- se cuestionaron inicialmente por los constructores grancanarios los presupuestos o las condiciones de las licitaciones. En el caso señalado las obras encontraron una UTE, con participación grancanaria, dispuesta a ejecutarlas. Los constructores grancanarios pusieron el grito en el cielo, pero la obra se está ejecutando. La experiencia aconseja escuchar todas las advertencias, analizar los datos y evitar tanto la precipitación como los diagnósticos interesados.
Resulta, por eso, llamativa la rapidez con la que algunos han querido transformar una incidencia en un fracaso. Apenas quedó desierta la licitación comenzaron los juicios definitivos, los reproches y las dudas sobre la capacidad del Cabildo para sacar adelante el proyecto. La crítica es legítima y necesaria en una democracia. Pero también lo es preguntarse por qué determinados sectores parecen esperar cada dificultad para convertirla en una oportunidad de desgaste político, incluso cuando está en juego un proyecto estratégico para toda la isla. Se dejan ver también en estos casos los que envidian el progreso de Gran Canaria.
El Mundial no pertenece a un gobierno. Pertenece a Gran Canaria. El nuevo estadio tampoco será patrimonio de una mayoría política. Será una infraestructura pública que quedará al servicio de la isla durante décadas. Por eso convendría no confundir la fiscalización con el deseo de que las cosas salgan mal.
Nadie tiene que explicarnos la importancia del Mundial. Hemos trabajado durante años para conseguirlo. Tampoco necesitamos que nos descubran ahora la dificultad de construir una infraestructura de esta magnitud. La conocíamos cuando asumimos el reto y la conocemos mejor después de los estudios técnicos y del trabajo desarrollado. Este Cabildo tiene experiencia en la gestión de proyectos extraordinariamente complejos. El Salto de Chira constituye una de las mayores actuaciones energéticas que se ejecutan en España. Hemos impulsado la mayor planificación sociosanitaria de la historia de Gran Canaria, con nuevos centros para afrontar un déficit acumulado durante décadas. Avanzamos en la transformación del Centro Insular de Deportes, en la inauguración del Museo de Bellas Artes, en el nuevo INFECAR y en otras infraestructuras estratégicas para el futuro de la isla.
Ninguno de esos proyectos ha sido sencillo. Las grandes obras encuentran dificultades técnicas, administrativas, económicas y jurídicas. Surgen imprevistos, cambian las condiciones del mercado y aparecen obstáculos que obligan a modificar decisiones. La diferencia no está en que existan problemas. Está en la capacidad para resolverlos. Eso es gobernar.
Ahora corresponde determinar por qué la licitación del estadio quedó desierta y cuál es la mejor alternativa para continuar. Si es necesario revisar aspectos del procedimiento, se hará dentro de la legalidad. Si hay que negociar con empresas con capacidad técnica y solvencia suficientes, se utilizarán los mecanismos previstos. Si los informes objetivos aconsejan adoptar otras decisiones, se estudiarán y se explicarán con transparencia.
No habrá improvisación, pero tampoco parálisis. Sabemos, además, que cualquier decisión generará críticas. Si renunciáramos a transformar el estadio, se nos acusaría de perder una oportunidad histórica y de poner en riesgo la celebración del Mundial. Si realizamos la inversión necesaria, porque haya aumentado el coste de los materiales, habrá quienes contrapongan ese esfuerzo a otras necesidades sociales.
Es un debate legítimo, pero plantea una falsa elección. Una administración responsable no puede limitarse a gestionar las urgencias del presente renunciando a construir el futuro. Debe hacer ambas cosas.
El mismo Cabildo que impulsa el estadio está desarrollando la mayor inversión sociosanitaria de la historia de Gran Canaria, liderando la adaptación y la mitigación del cambio climático, la transición energética y la soberanía alimentaria, garantizando la seguridad hídrica, impulsando la diversificación económica -multiplicando el PIB en economía azul, disparando el uso del transporte público, potenciando la economía circular, convirtiéndose en referencia en economía verde y lucha contra los incendios…-, y afrontando importantes necesidades sociales en materia de vivienda y de equipamientos sociales, culturales y deportivos. También medioambientales, industriales y comerciales. O de creación de empleo, de políticas de igualdad y de cuidados. El progreso de una sociedad no se construye eligiendo permanentemente entre unas políticas y otras, sino generando los recursos y la capacidad pública necesarios para avanzar en distintos frentes.
El estadio tampoco se transforma para unas pocas semanas de 2030. El Mundial es el horizonte que acelera una actuación necesaria, pero la infraestructura permanecerá después de que termine el último partido. Será parte del patrimonio público de Gran Canaria y un equipamiento deportivo, económico y social para las próximas generaciones.
Por eso afrontamos la situación actual con responsabilidad y determinación. Sin minimizar el problema y sin alimentar el alarmismo. Analizando las causas, escuchando al sector, utilizando las herramientas que ofrece la legislación y tomando las decisiones que correspondan.
Una licitación desierta no borra los años de trabajo que permitieron traer el Mundial a Gran Canaria. No invalida la necesidad de transformar el estadio. Y no convierte un obstáculo administrativo en el fracaso de un proyecto estratégico. Las grandes decisiones se miden, precisamente, cuando aparecen las dificultades.
Gran Canaria decidió competir por el Mundial cuando no había ninguna garantía de conseguirlo. Creyó en sus posibilidades, construyó una candidatura sólida, sumó voluntades y alcanzó un objetivo que durante años parecía lejano. Ahora tenemos delante otro desafío. Lo afrontaremos con diálogo, pero con autonomía para decidir; con prudencia, pero sin miedo; con rigor, pero sin permitir que la dificultad se convierta en parálisis. Escucharemos todas las posiciones legítimas, pero las decisiones se tomarán pensando en el interés general de Gran Canaria.
Porque los obstáculos no borran el camino recorrido. Lo ponen a prueba. Y este Cabildo no ha llegado hasta aquí para detenerse ante el primer tropezón que aparezca.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
La celebración del Encuentro Insular del Mayor es una oportunidad para reconocer a quienes han construido La Gomera con su esfuerzo, su sacrificio y su compromiso, y para reafirmar nuestra responsabilidad con su bienestar
Nuestros mayores representan la memoria viva de la isla. En ellos permanece una forma de entender la vida basada en la solidaridad, la cooperación y el cuidado. Atenderlos y acompañarlos no puede entenderse únicamente como una obligación administrativa. Es un deber y una expresión de justicia social.
Desde el Cabildo de La Gomera hemos convertido esa convicción en políticas concretas. Nuestro escudo social es una potente red de recursos, servicios, ayudas y profesionales que protege a las personas ante la enfermedad, la dependencia, la soledad o las dificultades económicas.
Esta protección resulta especialmente necesaria en una isla como la nuestra. La dispersión de la población, el envejecimiento demográfico, las limitaciones de movilidad y la doble insularidad exigen respuestas adaptadas al territorio, en donde no podemos aplicar soluciones pensadas para otras realidades. Debemos garantizar servicios cercanos, accesibles y capaces de llegar a todos los municipios y núcleos de población.
El presupuesto insular para 2026 refleja esta prioridad. El Cabildo destina 16,2 millones de euros al bienestar social, casi el 17 % de las cuentas insulares, convirtiéndolo en el capítulo con mayor dotación. Estos datos son importantes, pero detrás de cada cifra hay una persona. Hay una familia que necesita apoyo para cuidar a un ser querido; un mayor que puede permanecer en su entorno; o una persona dependiente que recibe la atención que necesita. Ese es el verdadero significado de gobernar poniendo a la ciudadanía en el centro: transformar recursos públicos en autonomía, tranquilidad, igualdad y calidad de vida.
Este modelo tampoco sería posible sin el tercer sector. Las asociaciones y entidades sociales desarrollan una labor imprescindible en ámbitos como el alzheimer, la diversidad funcional, el acompañamiento a mayores o el apoyo a las familias. Por ello, el Cabildo mantiene su colaboración económica con estas organizaciones, cuya cercanía permite que la atención llegue con eficacia a quienes más la necesitan.
El Encuentro Insular del Mayor simboliza esta forma de entender la acción pública. Es un espacio de reconocimiento y convivencia, pero también un recordatorio de que una sociedad se mide por cómo cuida a quienes la han sostenido durante décadas.
Nuestro compromiso es consolidar un Cabildo que escucha y protege. Un Cabildo que convierte la política social en una herramienta de transformación y que trabaja para que ninguna persona se sienta sola. Cuidar a nuestros mayores es cuidar también el presente y el futuro de La Gomera.
Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.
Las paredes del antiguo Hospital Psiquiátrico acumulan veinte años de silencio. Dos décadas en las que ese edificio singular, concebido por el arquitecto Miguel Martín Fernández de la Torre como una de las referencias del racionalismo en España, ha permanecido mudo entre la arboleda de Tafira, como una imagen congelada en el tiempo. Hoy, ese silencio termina. El Cabildo de Gran Canaria ha dado inicio a las obras de rehabilitación del inmueble para convertirlo en el Centro Sociosanitario Carlota de la Quintana, un equipamiento llamado a convertirse en pieza clave de las políticas de atención y justicia social de la isla
Colocar la primera piedra de este proyecto hace un par de días fue mucho más que un acto protocolario. Es la culminación de años de planificación, de voluntad política sostenida y de la convicción de que los cuidados no son un gasto, sino una inversión en derechos y en cohesión social. Es también el reconocimiento de que Gran Canaria tiene una deuda pendiente con este edificio y con las personas que un día lo habitaron.
El racionalismo nació del principio de poner la arquitectura al servicio de una función a través de la pureza de las líneas y las formas. Ese precepto fundacional encontrará ahora su expresión más plena. Tras la intervención impulsada por el Instituto de Atención Social y Sociosanitaria del Cabildo, con una inversión de algo más de 40 millones de euros y un plazo de ejecución aproximado de dos años, el edificio no será una infraestructura más: será, en palabras que me permito tomar prestadas del propio lenguaje arquitectónico, un gran abrazo protector.
La rehabilitación preservará los valores patrimoniales del inmueble y eliminará los añadidos que distorsionaban la obra original. Los jardines serán regenerados con especies propias del Paisaje Protegido de Tafira, y el conjunto alcanzará una eficiencia energética prácticamente plena. La vocación racionalista del edificio —ajustarse con precisión a un objetivo— encontrará así su razón de ser en un proyecto que esquiva la lógica operativa de los grandes centros hospitalarios para apostar por un modelo más personalizado y humano.
El futuro centro dispondrá de 242 plazas residenciales, organizadas en 17 unidades convivenciales y 2 viviendas tuteladas, destinadas fundamentalmente a personas mayores con discapacidad intelectual y física, y a usuarios y usuarias con enfermedad mental. Se suman 30 plazas de día, completando una oferta que pondrá las necesidades y la autonomía de las personas en el centro de cada decisión.
Hay algo en este proyecto que va más allá de los metros cuadrados y de las plazas residenciales, y quiero detenerme en ello. El nuevo centro llevará el nombre de la doctora Carlota de la Quintana: pionera de la medicina en el archipiélago, primera mujer médica especialista de Canarias y tercera de España, conocida por muchos como la doctora de los pobres.
Parecía que el destino tenía reservado un lugar conjunto para este edificio y para la doctora De la Quintana. Ella dedicó su profesión y gran parte de su vida al auxilio de las personas más necesitadas; fue la mano sanadora que llegó donde prácticamente nadie llegaba, luz de la medicina en la oscuridad de la injusticia social, la combinación perfecta de ciencia y humanidad. Nos dejó en el año 2011 a los 102 años, pero Doña Carlota pertenece a esa clase de personas eternas que permanecen gracias a su legado, tan sólido como los cimientos de estos pabellones.
Quienes creemos en la igualdad sentimos la obligación de continuar ese camino. El nombre del centro no es un homenaje decorativo: es un compromiso. Del mismo modo que el Centro Benedicta Ojeda, inaugurado hace unos meses, honra a la gran referente de la enfermería en Gran Canaria, el Centro Sociosanitario Carlota de la Quintana incorpora a su misión institucional el ejemplo de una mujer que entendió los cuidados como un acto de justicia.
Esta actuación se enmarca en el mayor esfuerzo inversor en el ámbito sociosanitario del Cabildo de las últimas dos décadas. El Segundo Plan Sociosanitario del Cabildo prevé la creación de 1.600 nuevas plazas públicas y cerca de 400 más impulsadas por el tercer sector con financiación insular. Nació con una dotación de 90 millones de euros y, gracias a una aportación adicional de 110 millones de fondos propios, alcanza una inversión total de 200 millones. Más de la mitad de las plazas ya están en servicio.
A ello se suma el Convenio de Dependencia 2025-2028, suscrito con el Gobierno de Canarias, que moviliza 604 millones de euros para garantizar la estabilidad de los servicios, atender cada año a más de 5.300 hombres y mujeres y consolidar un modelo de cuidados centrado en la persona. En la última década, Gran Canaria ha duplicado el número de personas atendidas, diversificando los recursos con centros de día, hogares funcionales, atención domiciliaria y dispositivos especializados.
Las cifras no son retórica. Son el resultado de años de planificación y de acuerdos institucionales complejos, sostenidos por una voluntad política que rechaza mirar hacia otro lado ante el envejecimiento de la población y el aumento de la dependencia. Nadie, absolutamente nadie, puede quedar al margen del futuro al que aspiramos.
La experiencia de la pandemia nos confirmó que invertir en planificación y cuidados fortalece la protección de toda la sociedad. Por eso, mientras se ejecutan las obras del Centro Carlota de la Quintana y continúan desarrollándose otras infraestructuras, el Cabildo ya trabaja en el Tercer Plan Sociosanitario. Las demandas crecen y no admiten pausas.
Me gusta pensar que un edificio, una ciudad, una isla, están hechos sobre todo de emociones: las líneas trazadas en los planos deben determinar el punto de encuentro entre la arquitectura y las aspiraciones colectivas. El antiguo Hospital Psiquiátrico fue en su día un barco varado en un océano de olvido. Hoy reflota y marca el rumbo. Estoy convencido de que este edificio hablará alto y claro de todo aquello que podemos lograr cuando Gran Canaria trabaja unida. El silencio ha terminado.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
La celebración de la III Gala del Deporte nos ha permitido reconocer públicamente a quienes, con esfuerzo, talento y compromiso, contribuyen a engrandecer el nombre de La Gomera. También nos ha brindado una oportunidad para reflexionar sobre el papel del deporte en nuestra sociedad y sobre la responsabilidad colectiva de seguir respaldándolo
El deporte es una escuela de vida en la que aprendemos a convivir, trabajar en equipo, respetar las reglas y comprender que ningún objetivo importante se alcanza sin constancia. Nos enseña a aceptar la derrota con serenidad, asumir el éxito con humildad y levantarnos después de cada dificultad.
En una isla como la nuestra, estos valores adquieren una dimensión especial. Los deportistas gomeros afrontan desplazamientos entre municipios, viajes fuera de la isla y un esfuerzo añadido para compatibilizar entrenamientos, estudios, trabajo y vida familiar. Lejos de convertirse en una barrera, estas circunstancias refuerzan su capacidad de superación, disciplina y compromiso.
La gala ha puesto rostro a esa realidad. Marco Rodríguez, reconocido como Mejor Deportista Individual Masculino, simboliza la constancia y la fortaleza necesarias para destacar en disciplinas como el trail, el kilómetro vertical y el skyrunning. Estela Guerra, Mejor Deportista Individual Femenina, representa la determinación, la proyección exterior de nuestra isla y el avance imparable del deporte femenino.
El Club Colombófilo Gomera, distinguido como Mejor Colectivo Deportivo, demuestra que preservar una tradición profundamente arraigada también es una forma de avanzar. Sebastián Castilla, reconocido como Referente Deportivo, encarna no solo la excelencia alcanzada en el voleibol, sino también la generosidad de compartir su experiencia y formar a quienes vienen detrás.
Las menciones honoríficas reflejan, además, que el deporte gomero se construye en cada pueblo. Álvaro Escuela representa, desde Agulo, el talento acompañado de perseverancia. Silvia Noguera, desde Alajeró, es ejemplo de liderazgo y compromiso al frente del Club Deportivo Aguleme Drago. El Club Deportivo Hermifutsa de Hermigua, acredita la capacidad de convertir un proyecto local en una referencia insular.
Francisco José Castilla Arteaga, de San Sebastián de La Gomera, ha llevado la ornitología deportiva gomera a competiciones nacionales e internacionales. El Club Deportivo Valle Gran Rey ha formado durante décadas a generaciones de jóvenes y se ha consolidado como una escuela. Edgar Magdalena, desde Vallehermoso, expresa mediante el ciclismo el sacrificio, la disciplina y la capacidad de superación.
Todos ellos son referentes porque sus logros trascienden una clasificación. Cuando un deportista gomero compite fuera de la isla, representa a toda La Gomera y proyecta una forma de entender el esfuerzo, la pertenencia y la perseverancia. Sus trayectorias muestran a nuestros niños y jóvenes que el talento necesita trabajo y que el verdadero éxito consiste también en inspirar.
Detrás de cada reconocimiento existen familias, entrenadores, clubes, directivos, árbitros, voluntarios, trabajadores públicos, federaciones y entidades colaboradoras. Nadie llega solo. Esa red humana, muchas veces silenciosa, constituye uno de nuestros mayores patrimonios sociales.
Desde las instituciones debemos seguir fortaleciendo el deporte base, el deporte femenino y adaptado, las infraestructuras y el apoyo a quienes representan a la isla. Invertir en deporte es invertir en educación y salud, inclusión.
Las medallas pasan y los récords terminan siendo superados. El ejemplo, sin embargo, permanece. Ese es el mayor legado de nuestros deportistas y una de las mejores expresiones de la isla que queremos seguir construyendo: una isla unida, orgullosa de sus valores y capaz de reconocer su esfuerzo.
Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.
Gran Canaria vive un momento singular. Así lo evidenció el tercer Debate sobre el Estado de la Isla de este mandato -celebrado los días 22 y 23 de este mes-, un ejercicio de rendición de cuentas que retrata a una institución con proyecto definido, rumbo claro y resultados tangibles. Lejos del discurso autocomplaciente, y más allá del todo está mal de la oposición, los datos que emergen del balance del último año, por parte del gobierno de la isla, dibujan una isla que crece en valor, que crea empleo a ritmo histórico y que consolida un modelo ecosocial orientado al horizonte Gran Canaria 2050
En un contexto de profunda decepción ciudadana con la política estatal e internacional, desde el gobierno insular —sostenido por las fuerzas progresistas del Cabildo durante once años consecutivos— nos sentimos orgullosos de haber contribuido a construir un clima de respeto institucional y diálogo alejado de la polarización. Esa estabilidad política, poco frecuente en el panorama actual, ha permitido planificar a largo plazo y ejecutar transformaciones estructurales que ya están dando frutos.
El Cabildo se presenta hoy como una institución solvente, con capacidad de alzar la voz cuando es necesario —frente a la conversión de Gran Canaria en zona de internamiento de migrantes, reclamando inversiones estatales justas o ante decisiones autonómicas discriminatorias— y a la vez capaz de tender puentes con los 21 municipios de la isla y con todos los sectores económicos y sociales. La visita del papa León XIV el pasado 11 de junio, acogida con madurez y orgullo por la ciudadanía, fue la última expresión pública de esa identidad grancanaria en plena forma.
El primer indicador de la salud de cualquier sociedad es el empleo, y aquí Gran Canaria ofrece su mejor cara. En 2025, la isla cerró con 376.895 personas ocupadas, un 2,3% más que el año anterior, y superó por primera vez los 360.000 afiliados a la Seguridad Social, con un crecimiento interanual del 1,9%. El paro registrado cayó un 6,6%, situándose en torno a las 63.000 personas y en una tasa del 14,8%, mínimos históricos para la isla.
Pero más relevante que el número es la transversalidad de esa mejora. El desempleo femenino cae con fuerza y, de forma especialmente significativa, el paro juvenil cerró 2025 por debajo del 20%, frente al 45% que registraba la isla cuando comenzó este periodo de gobierno, en 2015. Una isla que ofrece oportunidades a sus jóvenes es una isla que construye futuro.
Los datos de 2026 consolidan esta tendencia. El primer trimestre del año fue el mejor de toda la serie histórica, con 381.390 personas ocupadas, y la tasa de paro ha bajado ya al 14,5%. Al mismo tiempo, crecen las empresas medianas —entre 10 y 250 trabajadores— y aumenta la presencia de grandes empresas que eligen Gran Canaria para proyectos de mayor envergadura.
En materia turística, la estrategia cualitativa demuestra su eficacia. En 2025, Gran Canaria recibió 4.856.485 turistas, un 2,97% más, con un gasto diario de 180,66 euros por visitante —un 3,4% más— y una facturación turística que creció un 4,3%, alcanzando los 6.280,8 millones de euros al cierre del año.
Con un crecimiento moderado del número de turistas, la rentabilidad se ha duplicado. Esta es la esencia del modelo que defiende el Cabildo: consolidar un turismo de mayor valor añadido, con menor presión sobre el territorio, el medioambiente y la convivencia social. La posición es clara y contrapuesta a la que sostienen los partidos de la derecha canaria: Gran Canaria tiene límites territoriales, ambientales y sociales, y superarlos sería un suicidio económico y social.
Los primeros meses de 2026 confirman la senda: el gasto diario crece un 3,3% y la facturación turística sube un 6,2%. Una estrategia correcta que el Consorcio Turístico de Maspalomas refuerza con 7,3 millones de euros movilizados para la renovación del destino.
Las cifras del aeropuerto y el puerto certifican el liderazgo estratégico de la isla. El Aeropuerto de Gran Canaria cerró 2025 con 15.826.553 pasajeros, convirtiéndose en el primer aeropuerto de Canarias por tráfico, con un crecimiento del 4%. El Puerto de Las Palmas superó los 32 millones de toneladas movidas, un 15,7% más, consolidándose por primera vez como el cuarto puerto de la red estatal. El puerto no es solo una infraestructura logística: es una plataforma para la economía azul, la reparación naval, la internacionalización y la generación de empleo cualificado. El sector azul ya representa el 11% del PIB insular, muy por encima, casi cinco puntos, de la media canaria.
En movilidad interior, el récord también es histórico: 107 millones de viajes en transporte público en el último año. El Cabildo contribuye con 40,6 millones de euros a la gratuidad del transporte, y ha acometido una renovación de flota con 7,3 millones de euros adicionales. Aportaremos 15 millones más en las próximas semanas. La inauguración del Intercambiador de Tamaraceite y el Centro de Control de la Movilidad —con una inversión de 10,7 millones— así como el avance decisivo del proyecto del tren de Gran Canaria, con la aprobación de su Declaración de Impacto Ambiental y el inicio de las expropiaciones, completan un cuadro de movilidad sostenible e integrada en plena construcción.
Las energías renovables alcanzaron el 28,17% del mix energético insular en 2025, situando a Gran Canaria a la cabeza de las islas en penetración de renovables. La pieza central de esta transformación es el Salto de Chira, con más del 65% del proyecto ya ejecutado. En pocos meses, el agua desalada comenzará a entrar en la presa de Soria, abriendo un nuevo horizonte de soberanía energética e hídrica.
El modelo se completa con instalación de renovables en infraestructuras públicas, almacenamiento energético, movilidad eléctrica y comunidades energéticas, con una inversión de 25 millones de euros. En materia hídrica, se mejoran y amplían depuradoras en todo el arco de la isla, garantizando abastecimiento y uso agrícola. Una apuesta por la soberanía alimentaria que se refuerza con ayudas directas a más de 1.200 agricultores, 19 obras en caminos rurales y 26 eventos de promoción del producto kilómetro cero.
El área de servicios sociales registra la inversión más alta que jamás ha realizado el Cabildo. El Plan Sociosanitario supera los 120 millones de euros en infraestructuras, a los que se suman las subvenciones directas a entidades del tercer sector, acercando el total a los 140 millones. Más de dos mil plazas nuevas en centros sociosanitarios —muchos ya inaugurados, otros a punto de abrirse—, además de la reforma del antiguo psiquiátrico para convertirlo en un gran centro sociosanitario que pasará a llamarse Carlota de la Quintana.
En educación, las becas alcanzan los 2,15 millones de euros, con casi 1.500 estudiantes beneficiados. En empleo, más de 1.000 personas han accedido a empleos fomentados directamente desde el Cabildo con una inversión de 27 millones. En vivienda, se han activado convenios para la construcción de más de seiscientas viviendas públicas en alquiler asequible, superando las competencias estrictas de la institución.
La inversión en infraestructuras deportivas se acerca a los 200 millones de euros en el conjunto del mandato: el Estadio de Gran Canaria, el Centro Insular de Deportes y la Ciudad Deportiva consolidan a la isla como sede de grandes eventos internacionales. La próxima inauguración del CAAM renovado, el apoyo al Museo Canario y la apertura de nuevos centros de interpretación del patrimonio arqueológico refuerzan la apuesta por la identidad y la memoria colectiva de Gran Canaria.
Salto de Chira, estadio, pabellón ferial, centros sociosanitarios, Museo de Bellas Artes, tren, Centro Insular de Deportes: 600 obras que transforman el territorio. Una hacienda saneada, con unos presupuestos que han superado los mil millones de euros por primera vez en la historia del gobierno de la isla, con un periodo medio de pago a proveedores de 5,25 días, y 1.208 millones de euros tramitados en pagos durante el año.
Gran Canaria no está exenta de retos. La incertidumbre internacional —las guerras, la tensión geopolítica y el proteccionismo comercial— obliga a la prudencia. La mejora del empleo debe ir acompañada de mayor calidad y formación. Pero la tendencia es clara. Once años de proyecto político sostenido, de inversión pública inteligente, de diálogo y de apuesta por las personas antes que por el crecimiento desmedido están dando sus frutos. Gran Canaria progresa, y lo hace con el esfuerzo de todas y de todos.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
Que los jóvenes puedan quedarse en La Gomera no debería ser una aspiración excepcional, sino una consecuencia natural de vivir en una isla que cree en su gente. Durante demasiado tiempo, muchos gomeros han asumido que formarse y progresar profesionalmente implicaba hacer las maletas. Estudiar fuera, buscar el primer contrato fuera y, demasiadas veces, construir la vida lejos de casa. Esa realidad no se cambia con buenas intenciones. Se cambia con oportunidades concretas
Por eso la inserción laboral juvenil debe ocupar un lugar central en cualquier proyecto de isla. No hablamos únicamente de empleo, sino de arraigo. Hablamos de que un joven que se ha formado pueda aplicar sus conocimientos aquí, aportar a los servicios públicos, incorporarse al sector primario, al turismo, a la atención social, a la administración, a la innovación o a cualquier ámbito donde La Gomera necesita talento y renovación.
El Programa de Nuevas Oportunidades de Empleo del Cabildo es un buen ejemplo de esa manera de entender la política útil. A través de sus cuatro ediciones, ha movilizado cerca de 2,97 millones de euros y ha permitido que 74 jóvenes accedan a una experiencia profesional vinculada a su formación. No es una cifra menor en una isla como la nuestra. Detrás de cada contrato hay una persona que empieza a abrirse camino, una familia que ve más cerca la posibilidad de que sus hijos no tengan que irse, y una administración que se refuerza con perfiles cualificados.
Además, estos programas tienen un valor que no siempre se mide en los balances económicos. Para muchos jóvenes, la primera oportunidad laboral marca la diferencia entre seguir intentándolo o abandonar. Les permite ganar seguridad, conocer la realidad de su profesión y demostrar que están preparados. Y también envía un mensaje importante: La Gomera cuenta con ellos.
Y en ese objetivo no podemos olvidar el papel de las pymes y los autónomos, que son también motores esenciales de la empleabilidad juvenil en La Gomera. Muchos jóvenes encuentran su primera oportunidad no solo en la administración pública, sino en pequeños negocios, comercios, empresas turísticas, iniciativas familiares o proyectos profesionales impulsados por quienes sostienen cada día la economía real de la isla. Por eso, si queremos que el empleo juvenil tenga continuidad, también debemos fortalecer a quienes pueden generarlo. Y para ello hacen falta herramientas fiscales singulares, adaptadas a la realidad insular, que ayuden a pymes y autónomos a afrontar los costes de contratar, formar y retener talento joven en un territorio con mayores dificultades estructurales.
Pero sería un error mirar la empleabilidad como algo aislado. El empleo empieza mucho antes, en las aulas, en las becas, en la movilidad, en los libros de texto, en la posibilidad de que ninguna familia vea limitada la formación de sus hijos por motivos económicos. Ahí también el Cabildo viene realizando un esfuerzo notable, con más de 3 millones de euros destinados a políticas educativas y cerca de 2.500 estudiantes beneficiados en todas las etapas, mediante ayudas al estudio, gratuidad de libros, apoyo a los desplazamientos y convenios con las universidades públicas.
Esa continuidad entre educación y empleo es precisamente lo que necesita La Gomera. Formar y abrir puertas. No basta con pedir a los jóvenes que se queden; hay que darles razones reales para hacerlo. Y esas razones pasan por contratos, experiencia, estabilidad y expectativas de futuro.
La Gomera no puede permitirse perder a una generación preparada. Cada joven que encuentra una oportunidad en la isla es también una oportunidad para el conjunto de la sociedad gomera. Apostar por ellos no es una obligación. Porque el futuro de La Gomera no se construirá lejos de aquí: debe construirse aquí, con los jóvenes gomeros como protagonistas.
Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.
Diez días después de la visita del papa a Gran Canaria, quiero compartir con ustedes una reflexión sobre cómo la unidad nos hace más fuertes para alcanzar las metas que nos propongamos. La visita de León XIV a esta isla alcanzó una notable proyección en medios internacionales, llegando a más de quince millones de personas. Las imágenes de su llegada a la Base Aérea de Gando, el encuentro con los migrantes en Arguineguín, los actos en la Catedral de Santa Ana y la misa multitudinaria en el Estadio de Gran Canaria se distribuyeron mediante señal internacional, reforzando la visibilidad global de la isla, tanto como territorio turístico como punto neurálgico de las rutas migratorias hacia Europa
El tono dominante que percibo en la opinión pública es de satisfacción y orgullo por el hito histórico y por el trabajo conjunto en la organización de la visita de diócesis, administraciones y entidades sociales en la organización. La isla fue capaz de absorber el incremento de tráfico, visitantes y ocupación hotelera, potenciando su imagen como territorio preparado para grandes eventos complejos.
Y es que hay momentos en la vida de un pueblo que trascienden la mera anécdota y se convierten en espejo donde una sociedad se reconoce a sí misma, donde descubre de qué está hecha, cuáles son sus valores más profundos y hasta dónde llega su capacidad colectiva cuando decide actuar como un solo cuerpo.
La visita del papa León XIV a Gran Canaria fue, sin duda, uno de esos momentos. No solo por su dimensión religiosa o por el peso simbólico que entraña recibir al líder espiritual de más de mil millones de católicos en el mundo, sino porque reveló algo más íntimo y quizás más perdurable: la extraordinaria potencia que emerge cuando una isla entera decide hablar con una sola voz, moverse con un solo propósito y mostrar al mundo lo mejor de sí misma.
Esa fuerza no nació de la improvisación ni del azar. Fue el resultado de un proceso de convergencia en el que instituciones, organizaciones sociales, ciudadanía y administraciones de distinto signo y competencia se alinearon en torno a un objetivo común. Y ese alineamiento, esa suma de voluntades, es precisamente la lección más valiosa que nos deja este acontecimiento histórico, más allá de las imágenes impactantes, las cifras de asistencia o los titulares que recorrieron el mundo.
Gran Canaria es una isla compleja. Como cualquier sociedad moderna, alberga en su interior tensiones, debates, diferencias de criterio y pluralidad de intereses. Esa diversidad es, en sí misma, una riqueza. Pero la diversidad sin capacidad de articulación puede convertirse en fragmentación, y la fragmentación debilita. Lo que demostró la visita papal es que esta isla ha madurado lo suficiente como para sostener la pluralidad y, al mismo tiempo, construir unidad cuando la ocasión lo exige.
Las instituciones que habitualmente operan en ámbitos separados —el Cabildo de Gran Canaria, el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, el Gobierno de Canarias, la Delegación del Gobierno de España, la Diócesis de Canarias — trabajaron en coordinación estrecha para diseñar y ejecutar un dispositivo de una complejidad extraordinaria. Cada engranaje cumplió su función. Cada actor asumió su responsabilidad sin intentar protagonismos estériles ni trasladar sus cargas al vecino. El resultado fue una maquinaria que funcionó, como dije en algún momento, “como un reloj”. No es una metáfora menor: un reloj solo funciona cuando todas sus piezas, por pequeñas que sean, cumplen su papel en el momento exacto.
Pero la coordinación institucional, siendo imprescindible, no habría bastado por sí sola. Lo que verdaderamente infundió vida al dispositivo fue el civismo y la implicación de la ciudadanía. Decenas de miles de personas se desplazaron con orden, con paciencia, con sentido de la responsabilidad colectiva. Priorizaron el transporte público sobre el vehículo privado. Respetaron los protocolos. Siguieron los itinerarios previstos. Y lo hicieron, no porque fueran obligadas, sino porque entendieron que, en esa jornada, ser parte de la solución era también una forma de ser parte de la historia. Eso es civismo en su expresión más genuina: la conciencia de que el espacio colectivo nos pertenece a todos y a todas; que cuidarlo es también cuidarnos.
La logística de un evento de esta magnitud es, en sí misma, un relato elocuente sobre las capacidades de un territorio. Gran Canaria recibió en pocas horas a una cantidad de personas que transformó por completo la fisonomía urbana de su capital y de varios puntos neurálgicos de la isla. Las paradas en el puerto de Arguineguín, en la Catedral y Plaza de Santa Ana y en el Estadio de Gran Canaria configuraron un recorrido que exigió una planificación milimétrica en materia de movilidad, seguridad, comunicación y gestión de espacios.
El hecho de que la zona de Siete Palmas —donde se congregaron cerca de cuarenta mil personas entre el Estadio de Gran Canaria, el Gran Canaria Arena y el Anexo— quedara totalmente despejada apenas hora y media después de la conclusión de la misa multitudinaria no es un dato menor. Es una demostración palpable de eficiencia, de anticipación y de profesionalidad. Las lanzaderas y servicios especiales de Global, los aparcamientos disuasorios, la coordinación de flujos… todo fue trazado con precisión y ejecutado con solvencia. Y todo ello, en última instancia, es el producto de instituciones que confían las unas en las otras, de equipos técnicos que se sienten respaldados y de una ciudadanía que cumple su parte del contrato social.
Este tipo de demostraciones no son gratuitas. Tienen un valor que va mucho más allá del evento concreto. Proyectan una imagen de solvencia ante el mundo, refuerzan la autoestima colectiva y sientan un precedente sobre el que construir futuros retos. Una isla que es capaz de gestionar con garantías absolutas un acontecimiento de esta envergadura está enviando un mensaje inequívoco a propios y extraños: estamos preparados, somos capaces, podemos.
Más allá de la logística y la coordinación, lo que late en el fondo de todo lo acontecido es algo más difícil de medir pero igualmente real: la conciencia de identidad compartida. Lo definí en los medios de comunicación como “un momento de cohesión social y de expresión de la grancanariedad”. Esa palabra, cargada de significado, apunta a algo que va más allá de la geografía o la administración. Habla de un nosotros que se reconoce en valores comunes: el encuentro, la integración, la paz, el entendimiento.
Gran Canaria lleva décadas construyendo esa identidad desde su peculiar posición en el mundo, en el cruce de rutas entre continentes, en la encrucijada entre Europa, África y América. Una isla que ha sido históricamente lugar de paso, de mezcla y de acogida. Y esa tradición no es un accidente geográfico: es una forma de ser que se ha ido sedimentando en la cultura, en las actitudes, en la manera de relacionarse con el otro. La visita papal fue una oportunidad para que esa identidad se expresara con toda su potencia ante la mirada del mundo.
Y el mundo miró. El papa León XIV lo percibió y transmitió su satisfacción y agradecimiento por la acogida y la experiencia vivida en la isla. Cuando el máximo representante de una de las instituciones más antiguas del planeta reconoce en un territorio una capacidad especial para el encuentro y la integración, está validando algo que los grancanarios y grancanarias llevan mucho tiempo construyendo en silencio, con la perseverancia discreta de quien sabe que los valores verdaderos no se proclaman, se practican.
Porque la unidad de una sociedad no se forja solo en los momentos de celebración y orgullo colectivo. Se forja, sobre todo, en la capacidad de mirar juntos las realidades más duras, de asumir la incomodidad moral que genera la injusticia y de comprometerse colectivamente con respuestas a la altura de los desafíos. Una isla que puede hacer ambas cosas a la vez —organizarse con eficiencia y mantener viva la conciencia ética— es una isla verdaderamente fuerte.
En definitiva, lo que nos enseña este acontecimiento histórico es que la unidad no es solo un valor abstracto ni un eslogan para tiempos de crisis. Es una ventaja concreta, una capacidad real que se cultiva, que se ejercita y que, cuando llega el momento, marca la diferencia entre una respuesta mediocre y una respuesta excepcional.
Gran Canaria demostró que puede. Demostró que cuando sus instituciones se coordinan, cuando su ciudadanía responde con civismo y cuando su identidad colectiva se pone al servicio de un propósito compartido, no hay reto demasiado grande. Y esa demostración, más que cualquier titular o imagen, es el legado más duradero de la visita del papa León XIV a esta isla atlántica que supo estar, en el momento decisivo, a la altura de la historia.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
La acción pública tiene sentido cuando mejora la vida de la gente. Esa debe ser siempre la medida de cualquier gobierno: no solo las obras que se ven, sino también aquellas que cambian la rutina de una persona mayor, de una familia con dificultades o de quien necesita apoyo para seguir viviendo con dignidad en su casa
En La Gomera conocemos bien nuestra realidad. Somos una isla con núcleos dispersos, con población envejecida y con muchas personas que han construido aquí su vida y quieren permanecer en su entorno, cerca de sus vecinos. Por eso las políticas públicas no pueden hacerse desde la distancia. Deben responder a lo que ocurre en cada barrio y en cada familia.
Esa visión no es solo una declaración de principios. Para el Cabildo de La Gomera, el bienestar social constituye una prioridad real. Más de 16 millones de euros de inversión directa se destinan a fortalecer las políticas sociales, la atención a las personas mayores, la dependencia, la inclusión, la accesibilidad y el acompañamiento a quienes más lo necesitan. Además, 7 de cada 10 euros de las cuentas insulares están orientados a las personas, porque entendemos que el presupuesto público debe tener una finalidad clara: proteger, cuidar y mejorar la vida de toda la sociedad gomera.
Programas como Gomera Accesible representan precisamente esa forma de entender la gestión pública. Adaptar una vivienda, cambiar una bañera por un plato de ducha, instalar una rampa o mejorar la seguridad de un acceso no son actuaciones menores. Para muchas personas significan autonomía, tranquilidad y la posibilidad de no abandonar su hogar por falta de condiciones adecuadas. También suponen aliviar a las familias cuidadoras, prevenir accidentes y reducir situaciones de dependencia que, si no se atienden a tiempo, terminan afectando al bienestar de todos.
Lo mismo ocurre con La Gomera Acompaña, una iniciativa necesaria para combatir una realidad muchas veces silenciosa: la soledad no deseada de nuestros mayores. Acompañar no es solo estar presente. Es escuchar, detectar necesidades y facilitar recursos que siempre han sido una de las grandes fortalezas de nuestra isla. En muchos casos, una visita, una llamada o una actividad compartida marcan la diferencia entre sentirse apartado o seguir formando parte activa de la vida.
Desde el Cabildo de La Gomera defendemos esta política útil, cercana y sensible. Una política que no espere a que los problemas se agraven, sino que actúe antes; que coordine recursos, que colabore con entidades sociales y ayuntamientos, y que ponga en el centro a quienes más apoyo necesitan. Las administraciones tenemos la obligación de mirar más allá de los números y entender que detrás de cada expediente hay una historia concreta.
El bienestar se construye con decisiones que permiten a una persona levantarse con más seguridad, salir de casa o sentirse acompañada. Y se construye, sobre todo, cuando los recursos públicos se orientan con claridad hacia quienes más los necesitan. Esa es la isla que queremos seguir impulsando: una Gomera donde nadie quede atrás por vivir lejos, por hacerse mayor o por atravesar una situación de vulnerabilidad.
Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.
Entre agosto y noviembre de 2020, Gran Canaria vivió una crisis migratoria muy dura. Ante el aumento de llegadas por la ruta canaria, el Gobierno de España improvisó en el muelle de Arguineguín un campamento que llegó a concentrar hasta unas 2.600 personas en condiciones de hacinamiento indignas. Numerosas instituciones y organizaciones humanitarias exigieron el cierre inmediato de las instalaciones en el que llamaron el “muelle de la vergüenza”
El puerto pesquero de Arguineguín se convirtió en el símbolo más visible de la inacción y la improvisación institucional del Ministerio del Interior español. La falta de recursos, planificación y respuesta eficaz derivaron en una vulneración flagrante de los derechos fundamentales de las personas migrantes. Las imágenes del muelle, que dieron la vuelta al mundo, evidenciaron la ausencia de una estrategia adecuada y la falta de respeto hacia la dignidad de quienes buscaban protección y un futuro mejor.
En su visita a Gran Canaria el pasado jueves, León XIV se acercó a este muelle de pescadores - “símbolo mundial de la ruta atlántica”- para recordar a quienes perdieron su vida en ella, denunciar el trato que recibieron y reciben las personas migrantes, reconocer el trabajo de organizaciones, voluntariado e instituciones que los atienden y convertir el lugar en símbolo de acogida, integración y esperanza. En su estancia en la isla, León XIV insistió en trasladar a la humanidad la necesidad de abrazar la paz, amparar a las personas migrantes, cuestionar las políticas migratorias europeas y defender la dignidad humana, los derechos humanos y la justicia social. Este hecho histórico nos debe servir para pararnos a pensar detenida y profundamente sobre todo ello en estos tiempos convulsos.
Vivimos una época marcada por profundas tensiones internacionales, por el avance de los discursos de odio y por una creciente polarización política y social que amenaza con erosionar los fundamentos democráticos construidos durante décadas. Las guerras, los desplazamientos forzados, las desigualdades económicas y el deterioro ambiental generan incertidumbre y miedo en amplios sectores de la población. En medio de ese contexto convulso, territorios como Canarias adquieren un valor simbólico y político singular como espacios de convivencia, diversidad y encuentro entre culturas.
La historia del archipiélago canario ha estado siempre vinculada al intercambio humano. Su posición geográfica, en medio del Atlántico y entre continentes, convirtió a las islas en lugar de paso, de acogida y de mestizaje cultural. Europa, África y América confluyen en Canarias no solo desde el punto de vista geográfico, sino también desde una realidad humana que ha moldeado la identidad insular a lo largo de los siglos. Esa mezcla de influencias constituye hoy uno de los principales patrimonios sociales y culturales del archipiélago.
La diversidad no debe entenderse como una amenaza, sino como una oportunidad colectiva. Sin embargo, en muchos lugares resurgen posiciones políticas que convierten la diferencia en motivo de confrontación. Se alimentan prejuicios contra quienes piensan distinto, profesan otra religión o proceden de otros países, mientras crecen discursos que simplifican la complejidad social mediante el miedo y la exclusión.
Frente a ello, resulta imprescindible reivindicar una cultura democrática basada en el respeto mutuo, el pluralismo y el diálogo. La democracia no consiste únicamente en votar; requiere una convivencia asentada en principios éticos y sociales que reconozcan la dignidad de todas las personas. Sin pluralismo no existe una democracia plena.
La convivencia democrática exige fortalecer los espacios de encuentro. Las sociedades más cohesionadas son aquellas capaces de dialogar desde sus diferencias sin convertirlas en trincheras irreconciliables. El respeto a la diversidad cultural, religiosa y social implica construir valores comunes desde el reconocimiento del otro y un compromiso activo con los derechos humanos.
En Canarias, esta realidad posee una relevancia especial. El archipiélago ha conocido los efectos de la emigración, la pobreza y la dependencia exterior. Miles de canarios tuvieron que abandonar su tierra buscando oportunidades, una memoria que debería reforzar la empatía hacia quienes hoy llegan huyendo de la guerra, el hambre o la desesperación. Las migraciones forman parte de la historia de la humanidad y deben abordarse desde la cooperación y el respeto a la dignidad humana.
Las islas se encuentran además en una posición sensible ante grandes desafíos globales. La crisis climática, la escasez de recursos y la dependencia energética obligan a repensar el modelo de desarrollo. La sostenibilidad no puede separarse de la justicia social ni del bienestar colectivo. Por eso resulta fundamental avanzar hacia modelos económicos que prioricen la sostenibilidad ambiental, la soberanía energética y el equilibrio territorial. El progreso debe situar a las personas y al territorio en el centro de las decisiones políticas.
Muchas son las consecuencias de la ultraperificidad y de un modelo de desarrollo que, pese al crecimiento económico y turístico, no ha logrado garantizar el bienestar de una parte importante de la población. El archipiélago mantiene algunas de las tasas más elevadas de pobreza y exclusión social del Estado, mientras la desigualdad se acentúa y el acceso a una vivienda digna se convierte en un problema cada vez más grave para miles de familias. A ello se suma la presión sobre el territorio y los servicios públicos, la precariedad laboral y las dificultades derivadas de la insularidad. Esta realidad es utilizada a menudo de manera irresponsable por determinados grupos políticos - de extrema derecha y de algunos que se llaman progresistas- para señalar a colectivos vulnerables y alimentar la xenofobia.
La defensa de la democracia y sus valores también pasa por combatir las desigualdades. Allí donde existen exclusión y precariedad se debilita la confianza colectiva. Las políticas públicas deben garantizar derechos básicos como la vivienda, la educación, la sanidad y el empleo digno.
En este contexto, la cultura es una herramienta esencial para construir ciudadanía crítica y cohesionada. A través de la educación y el intercambio cultural se fortalecen valores como la empatía, la convivencia y el pensamiento democrático. Las sociedades que fomentan el diálogo son menos vulnerables a los extremismos.
También las tradiciones espirituales y religiosas pueden contribuir a generar puentes de entendimiento cuando se sitúan al servicio de la dignidad humana, la justicia y la paz. La convivencia democrática exige reconocer la libertad de conciencia y el derecho de cada persona a vivir conforme a sus valores dentro del respeto a los derechos comunes.
Canarias posee condiciones singulares para convertirse en un referente de convivencia atlántica. Su realidad multicultural y su posición estratégica la sitúan en un lugar privilegiado para impulsar una visión basada en la cooperación entre pueblos y culturas. Esa vocación de encuentro debe formar parte de un proyecto comprometido con la paz, la sostenibilidad y la justicia social.
Pero defender esos valores requiere valentía cívica. Es necesario combatir activamente los discursos xenófobos, racistas o autoritarios que intentan normalizar la exclusión. La democracia necesita una ciudadanía comprometida con los derechos humanos y con la construcción de sociedades inclusivas.
En tiempos de incertidumbre global, resulta más necesario que nunca recuperar el valor de la convivencia. Frente a quienes pretenden dividir mediante el miedo, es imprescindible reivindicar la solidaridad, el diálogo y la cooperación para afrontar los desafíos del presente y del futuro. Canarias puede y debe seguir siendo un espacio abierto al mundo, donde la diversidad sea fuente de riqueza colectiva.
La paz no es solamente la ausencia de guerra. Se construye garantizando dignidad, igualdad y oportunidades para todas las personas; defendiendo la democracia frente al autoritarismo, fortaleciendo los servicios públicos y protegiendo el medio ambiente. En una época marcada por la confrontación y la zozobra, apostar por la convivencia y el pluralismo constituye una condición imprescindible para construir un futuro más justo y humano.
La visita y el mensaje del papa León XIV nos deben servir igualmente para reflexionar sobre convivencia, diversidad y democracia en tiempos de incertidumbre.
Antonio Morales Méndez. Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Islas Canarias.
En La Gomera, el mar nunca ha sido un simple paisaje. Para una isla como la nuestra, el mar ha sido frontera y muchas veces, límite. Pero también ha sido camino cuando ha habido decisión, inversión y servicios capaces de responder a lo que la gente necesita de verdad. Por eso, hablar de transporte marítimo en La Gomera es hablar de igualdad
Conviene recordarlo ahora, cuando parece que todo estuvo siempre ahí. En 1974, la primera conexión regular entre San Sebastián de La Gomera y el Puerto de Los Cristianos cambió la vida de esta isla. Hasta entonces, desplazarse a Tenerife podía convertirse en una travesía larguísima, de diez o doce horas, que condicionaba cualquier decisión: una consulta médica, un trámite, un estudio, un trabajo o una visita familiar.
Aquella ruta nos permitió algo que hoy parece normal, pero que entonces fue casi una revolución: ir y volver a Tenerife en el mismo día. No fue solo un avance en las comunicaciones; fue un salto en dignidad. La Gomera empezó a estar más cerca del resto de Canarias y, sobre todo, empezó a depender menos del aislamiento.
Desde entonces, cada mejora en la conectividad marítima ha tenido consecuencias muy concretas en la vida diaria. Un barco que llega a tiempo no es solo una buena noticia para una naviera. Es una cita médica que se cumple, una jornada laboral que empieza cuando debe, una mercancía que llega, un estudiante que puede organizar su semana o una familia que no tiene que convertir cada desplazamiento en una odisea.
Los datos también hablan. El puerto de San Sebastián de La Gomera superó el pasado año los 1,3 millones de pasajeros y registró más de 318.000 vehículos. Pero la importancia de esas cifras no está únicamente en su volumen, sino en lo que representan para una isla de nuestras dimensiones. Representan movimiento, actividad económica, y oportunidades.
Ahora bien, la historia de estos cincuenta años no puede llevarnos a la autocomplacencia. La conexión con Tenerife sigue siendo esencial y debe seguir fortaleciéndose. Pero Canarias no puede resignarse a que las islas menos pobladas tengan que pasar casi siempre por Tenerife o Gran Canaria para relacionarse entre sí.
El siguiente reto está claro: conectar directamente las Islas Verdes, La Gomera, La Palma y El Hierro. No es razonable que desplazarse entre territorios tan cercanos exija multiplicar tiempos y costes. Esa realidad dificulta la cooperación institucional, limita la actividad económica y reduce oportunidades laborales, sanitarias y administrativas.
Por eso debemos trabajar con rigor en soluciones estables, también mediante obligaciones de servicio público marítimas cuando sean necesarias. No se trata de pedir privilegios, sino de corregir una desigualdad evidente y lograr la verdadera cohesión territorial de Canarias.
El mar nos ha impuesto dificultades, pero también nos ha enseñado que las distancias se vencen cuando hay voluntad. En 1974 dimos un paso decisivo. Ahora toca dar el siguiente paso: unir las Islas Verdes para que Canarias sea, de verdad, un territorio más justo, más cercano y más igual.
Casimiro Curbelo. Presidente del Cabildo de la isla de La Gomera. Islas Canarias.

La popular y veterana emisora de radio "Radio faro del Noroeste" sigue su proyección hacia una mayor ampliación de su cobertura.