Entrevista a Jesús Soriano, doctor en Ciencias Geológicas y presidente de la Fundación para el Progreso y el Conocimiento

Junio 17, 2022

JESÚS SORIANO: “DEBEMOS CAMBIAR EL ANTROPOCENTRISMO POR UN RESPETO BIOCÉNTRICO Y UNA ACTITUD MÁS ECOCÉNTRICA”

El futuro de nuestro planeta se encuentra en una encrucijada y este es el punto de inflexión en el que los seres humanos que lo habitan tienen la última palabra para equilibrar la balanza a favor de la supervivencia. Jesús Soriano, doctor en Ciencias Geológicas y presidente de la Fundación para el Progreso y el Conocimiento (FUNPROCO), reúne en la Casa-Museo León y Castillo de Telde a un escogido y multidisciplinar grupo de expertos que debatirá sobre las vías para lograr el desarrollo sostenible y ético de la Tierra

“El objetivo debe ser abandonar esa actitud depredadora del ser humano”, afirma Soriano, quien apuesta por la educación para que las generaciones que nos suceden puedan dar luz a un futuro que a nosotros se nos presenta incierto.

¿Qué se entiende por progreso sostenible?

La Declaración de la Cumbre de la Tierra, celebrada en Johannesburgo en 2002, establece que el desarrollo sostenible es el proceso mediante el cual se satisfacen las necesidades económicas, sociales, de diversidad cultural y de un medio ambiente sano de la actual generación, sin poner en riesgo la satisfacción de las mismas a las generaciones futuras. El desarrollo sostenible cuenta con 17 objetivos que se concretan en el propósito de que el ser humano debe llegar al ‘vivir bien’, lo que se traduce en el equilibrio material y espiritual del individuo y la relación armoniosa del mismo con todas las formas de existencia (convivir).

La Agenda 2030 se propone crear un mundo más justo, abierto y tolerante, pero, ¿cuáles son las principales dificultades para su aplicación efectiva y real?

Cada país tiene un grado de compromiso con esta agenda en función de su soberanía y sus características propias, matizadas por su riqueza, recursos, actividad económica y por su soberanía para establecer sus propias metas, dentro del marco que establece las Naciones Unidas. Poner fin a la pobreza en el mundo va acompañado de otros objetivos de gran alcance como erradicar el hambre, la seguridad alimentaria, garantizar una vida sana y una educación de calidad, lograr la igualdad de género, garantizar el acceso al agua y la energía, propiciar el crecimiento económico sostenido y adoptar las medidas pertinentes contra el cambio climático, así como promover la paz y la justicia. Son todos objetivos estratégicos para la humanidad, que se ven dificultados por la desigualdad de oportunidades de los diferentes países en la situación de partida y el incremento de la intensidad de estas desigualdades conforme se afrontan las situaciones sobrevenidas que condicionan las posibilidades de actuación para lograr superar las dificultades, como las propias de la pandemia o la situación de guerra en que nos desenvolvemos en la actualidad, sin ir más lejos.

¿La conducta humana qué papel juega en la salvación del planeta?

El cambio de paradigma del antropocentrismo en que milita un amplio grupo de miembros de la humanidad tiene que transformarse en un respeto biocéntrico y una actitud ecocéntrica. Así, los procesos que sostienen la vida en el planeta deben pasar a ser los leitmotiv de la conducta humana. El objetivo debe ser abandonar esa actitud depredadora del ser humano, que nunca se sacia del recurso natural al que solamente le confiere un valor económico, sin tener en cuenta otros valores que deben configurarlo y validarlo. El sistema económico mundial no fija el acento en los valores de la conducta, y la ética ha pasado a un segundo lugar, mediatizada por las componentes económicas que sumergen la vida en unas coordenadas insostenibles.

¿Han reflexionado sobre los plazos reales con los que contamos para lograr reverter una catástrofe ambiental a escala global?

Muchos estudiosos de la situación ambiental nos alertan de que probablemente hayamos superado el punto de no retorno. Es difícil dilucidar si es así o no. La recuperación del daño infringido durante décadas requiere conductas rigurosas de cuidado y prevención para no dejar avanzar el deterioro. Aun así, es posible que no sea suficiente lo que podamos hacer. Hay que entender que es la vida la que está en juego. Independientemente del tiempo que tengamos para restablecer la normalidad, hay que actuar de inmediato.

¿Deben estar las políticas ambientales por encima de los gobiernos o incluso de los estados?

Los pueblos son libres para elegir su destino y gobernarse democráticamente. Eso no excluye que la concordia con los demás pueblos, el compartir un proyecto común y el ponerse de acuerdo en un proyecto de desarrollo que respete, además, la Naturaleza, no sea saludable. En la fundación de las Naciones Unidas, la pretensión era, precisamente, además de evitar las guerras, concitar el acuerdo, el pacto, los proyectos en común. Sigue en pie la propuesta. Hay que trabajar en esa dirección, porque es la vía para avanzar, consumar el desarrollo y compartir el progreso.

¿Qué papel juega la educación en este proceso?

La educación es todo. La única vía para lograr ser personas libres, iguales y practicar la fraternidad es desde la posesión del conocimiento; desde el desarrollo de las capacidades del individuo que permitan plasmar su creatividad y su desarrollo como persona. Los avances científicos y los desarrollos tecnológicos nos están superando por falta que los sistemas educativos sean capaces de desarrollar el potencial que hoy deben poseer los humanos para contribuir como agentes activos en el escenario del desarrollo mundial.

¿Cuál es la clave para usar la tecnología como aliada y no como amenaza?

No podemos conformarnos con ser meros espectadores de lo que la tecnología quiera hacer de nosotros como usuarios. El conocimiento de los entresijos de la tecnología nos puede hacer libres. Como usuarios, estamos limitados, al igual que en otro tiempo tuvimos que someternos a una primera alfabetización acorde al hecho tecnológico de la aparición de la imprenta. La lectura y la comprensión nos hizo libres en un momento histórico dado. Aprendimos, conocimos y desarrollamos el mundo en que vivimos. Posteriormente cuando irrumpe la informática a mediados de los años cincuenta, no completamos la segunda alfabetización que nos acuciaba, con la misma presión que lo hizo la primera.

¿Estamos capacitados para vivir en una sociedad tecnológica?

La mayoría no pasamos del nivel de usuario. No lo hicimos bien. Hoy empezamos a pagar las consecuencias. La inteligencia artificial nos enfrenta en una batalla desigual con los poseedores de la tecnología, que usan nuestra ignorancia para formular sus propuestas al margen de nuestro criterio. Si no lo remediamos, vamos encaminados a ser usuarios ignorantes, no de los datos, ni siquiera de la información, sino del conocimiento. La alfabetización se hace inevitable si queremos mantenernos con la libertad que un humano requiere manejarse en la vida.

¿Y están preparados los sistemas educativos actuales para los nuevos retos?

Los sistemas educativos a nivel mundial han intentado administrar los conocimientos que la industrialización requería. Formulados los sistemas educativos en el siglo XIX, han establecido una jerarquía de importancia de las disciplinas, acomodado a lo que la industrialización requería. La gran sacrificada ha sido la creatividad, que ahora se requiere como elemento humano insoslayable para garantizar la libertad desde el conocimiento y espíritu crítico que debe acompañar vitalmente a los humanos. Es una tarea titánica, de las que merecen la pena como objetivo vital. Solo desde la educación se puede abordar la pretensión de lograr un objetivo ético, como esta humanidad requiere.

¿Qué papel tiene la ética en las propuestas que afectan al progreso y la protección del planeta?

La componente ética es la gran olvidada y la más importante del escenario. Solamente dentro de un marco ético que incluya los valores que ponderen la importancia de la naturaleza y las personas se puede restablecer la armonía que nunca debió despreciarse. El respeto a la naturaleza que nos vio nacer y vivir y que debe hacerlo por igual con nuestros sucesores exige una valoración ética que sirva de guía a las actuales y futuras generaciones.

El respeto a todos los procesos que inciden en el mantenimiento de la vida en la tierra es la única vía para restablecer la armonía de una Naturaleza que requiere ser compartida y nunca poseída, porque nadie tiene el título de propiedad de la misma. Solo el desarrollo realizado sobre una base ética puede traer progreso y no el espejismo que desde el dominio y propiedad del entorno nos ha llevado a una explotación de los recursos, sin tener en cuenta que actuábamos con un título de propiedad que nadie nos había dado.

Jesús Soriano Carrillo

Jesús Soriano es doctor en Ciencias (Sección Geológicas) por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido jefe del área de Mineralogía y Petrología del Laboratorio Central de Estructuras y Materiales y coordinador científico técnico del Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (CEDEX) hasta su jubilación. Profesor colaborador honorario de la Universidad Complutense de Madrid y profesor visitante de las Universidades de Burgos, Granada, Oviedo, Zaragoza, Politécnica de Cartagena y Universidad Nacional de Educación a Distancia.

Su actividad profesional se ha centrado fundamentalmente en mineralogía y petrología de áridos y rocas para la obra pública; estudio y evaluación de canteras y su restauración; durabilidad del hormigón, petrofísica y alteración y degradación de rocas monumentales.

Es autor de 257 publicaciones en revistas nacionales y extranjeras y colegiado de honor del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos. Está en posesión del título de Geólogo Europeo, expedido por la Federación Europea de Geólogos.